Ulises Toirac se suma a la tendencia y lanza desde Facebook su partido político llenito de relajo: «Abajo los vuelos espías y la muela con consignas»

El humorista cubano Ulises Toirac volvió a hacer de las suyas, pero esta vez el golpe fue directo al corazón del absurdo político en Cuba. Con un cartel publicado en Facebook, anunció su “nuevo” proyecto: el “Partido Ortodoncista Bembócrático”, una joyita de sátira que ha puesto a más de uno a pensar… y a otros a apretar los dientes.

Con frases como “Abajo los vuelos espías y la muela con consignas”, y un llamado a “gozar y dejar gozar”, Toirac no solo tiró la talla… dejó al desnudo una realidad incómoda: en Cuba, hasta la idea de crear un partido político parece ciencia ficción.

El post no salió de la nada. Llega justo después del ruido generado por el lanzamiento del Partido Liberal Ortodoxo Cubano (PLOC), y de la típica reacción del aparato oficial, que intentó ridiculizarlo desde sus plataformas. Pero como pasa casi siempre, la burla oficial terminó virándose en su contra.

Toirac lo dejó caer sin anestesia: lo que en cualquier país es normal, en Cuba se convierte en un terremoto. Un sistema tan cerrado que hasta una propuesta política suena a provocación. Y ahí es donde entra el humor… como bisturí.

El diseño del cartel, con estética de campaña “seria”, y propuestas como “Pincha Güena” o “Pollo y Pescao”, no son solo chistes. Son dardos. Una crítica disfrazada de relajo, pero con filo de verdad.

Detrás del juego de palabras —entre “bemba”, “democracia” y “ortodoncia”— hay un mensaje claro: lo que necesita Cuba no es maquillaje político… es enderezar todo el sistema.

Y es que el problema es estructural. Mientras la Constitución mantenga a un solo partido como dueño absoluto del país, cualquier intento diferente será visto como amenaza. Ahí no hay competencia… hay control total.

La reacción de la activista Amelia Calzadilla también suma a este momento. Lejos de achicarse, respondió con firmeza, dejando claro que el nerviosismo del oficialismo refleja algo más profundo: miedo a perder el control del relato.

Toirac, fiel a su estilo, vuelve a demostrar que el humor en Cuba no es solo entretenimiento. Es resistencia. Es denuncia. Es una forma elegante —y a veces brutal— de decir lo que muchos piensan y pocos pueden decir abiertamente.

Como diría Martí, una crítica que suena a risa… pero duele como verdad.