Reaparece Raúl Castro y desata alarmas: su deteriorado estado físico no se puede ocultar

Después de cinco meses desaparecido del radar público, Raúl Castro volvió a dejarse ver este Primero de Mayo en La Habana… pero lo que más llamó la atención no fue su presencia, sino su estado.

Con 94 años, el general apareció en la Tribuna Antiimperialista José Martí, frente a la Embajada de Estados Unidos, vestido con su clásico uniforme verde olivo lleno de medallas. A su lado, Miguel Díaz-Canel y toda la cúpula del poder, en un acto que el régimen intentó vender como multitudinario. Pero más allá de las cifras infladas, lo que se robó las miradas fue el evidente deterioro físico de Castro.

La imagen no engaña. Se le vio frágil, limitado, lejos de aquella figura que durante décadas dominó el escenario político cubano. Y esto no es nuevo. Ya en diciembre de 2025, en la Asamblea Nacional, se hablaba de dificultades para caminar. Meses antes, en Birán, necesitó ayuda para moverse. Ahora, la escena se repite… pero más marcada.

Su ausencia en el último Congreso del Partido Comunista había encendido todas las alarmas. Incluso Díaz-Canel terminó reconociendo lo obvio: Raúl está “retirado por salud” y su condición es delicada. Aun así, el régimen insiste en sacarlo cuando le conviene, presentándolo como símbolo de continuidad.

Este regreso no fue casual. Se dio en medio de un clima tenso, con un discurso oficial centrado en la defensa y bajo la consigna de que “la patria está en peligro”. Todo esto tras declaraciones recientes desde Estados Unidos que subieron la presión política.

Pero mientras arriba montan el espectáculo, abajo la realidad es otra. Hubo denuncias de niños sacados de escuelas para llenar marchas y de represión contra voces independientes, como el arresto del periodista Ángel Cuza justo antes del evento. El guion de siempre: movilización forzada y control total.

El acto, además, cambió de escenario. Ya no fue en la Plaza de la Revolución, sino en un espacio cargado de simbolismo político frente al Malecón, en un intento evidente de reforzar el mensaje de confrontación.

En medio de todo, la figura de Raúl Castro vuelve a usarse como pieza propagandística. Pero cada aparición deja más claro lo que el discurso oficial trata de esconder: el desgaste no es solo físico, también es político.

Porque mientras el régimen intenta proyectar fuerza, la imagen que queda es otra. Y esa, compadre, no hay consigna que la tape.