En Cuba, el desfile del Primero de Mayo volvió a mostrar lo que el régimen intenta maquillar: apoyo forzado, no convicción real. Esta vez, las denuncias vienen fuerte desde Santiago de Cuba, donde decenas de ex reclusos recién liberados habrían sido obligados a participar bajo presión directa.
Según testimonios recogidos por el periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada, a estos ciudadanos los citaron, los vigilaron y les dejaron claro el mensaje: si no iban, podían perder beneficios legales o incluso regresar a prisión. Así de simple… o marchas, o vuelves a la celda.
La frase que resume todo esto no tiene desperdicio: “no fueron por convicción, fueron por miedo”. Y es que cuando la amenaza es perder la libertad otra vez, ya no hay elección posible. Muchos optaron por caminar bajo el sol, levantar consignas vacías y aparentar apoyo, solo para no complicarse más la vida.
Pero el control no se quedó ahí. Varios de los afectados también denunciaron presiones para sumarse a la campaña oficialista “Mi Firma por la Patria”. Una iniciativa que el régimen vendió como espontánea, pero que en la práctica estuvo marcada por coerción en centros de trabajo, escuelas y hasta espacios vinculados a la policía.
Las cifras oficiales hablan de millones de firmas, pero la realidad detrás de esos números es otra: miedo, chantaje y presión constante. Una coreografía política donde el entusiasmo no existe, pero la obligación sí.
Este caso no es aislado. Forma parte de un patrón que se ha venido repitiendo desde hace meses. Muchos de los excarcelados —especialmente tras las protestas del 11J— viven bajo condiciones durísimas: no pueden expresarse libremente, tienen movimientos controlados y cargan con la amenaza permanente de volver a prisión.
En ese contexto, el desfile deja de ser una celebración y se convierte en una demostración de control. A eso súmale la movilización de menores sacados de escuelas para llenar las marchas, y tienes el cuadro completo.
Todo esto ocurrió bajo la consigna oficial de “La Patria se defiende”, con un tono cada vez más agresivo desde la cúpula del poder. Pero la pregunta queda en el aire: ¿qué tipo de patria se defiende obligando a su gente a fingir lealtad?
La respuesta la dejó clara el propio Mayeta: lo más grave no es obligar a marchar, es convertir la libertad en una cadena invisible. Y cuando el miedo se usa como herramienta política, eso no es apoyo… eso es control, puro y duro.

