Fabré vuelve a alinearse con el régimen abriendo su concierto por el 1ro de Mayo en Bayamo con el tema “¡Arriba Fidel!”

El Primero de Mayo en Cuba volvió a mezclar propaganda, espectáculo y desconexión total con la realidad. Esta vez, el protagonista fue Cándido Fabré, quien abrió un concierto en Bayamo soltando un grito que ya parece sacado del pasado: “¡Arriba Fidel!”.

El evento, realizado en el área El Bosque tras el desfile oficial, formó parte de las actividades por el centenario del dictador. Desde el escenario, el músico calentó al público con su estilo de siempre, preguntando si querían fiesta y arrancando con uno de sus temas más conocidos. La consigna política vino antes que la música, marcando el tono de la noche.

El concierto no fue improvisado. Ya había sido anunciado por las autoridades del Partido Comunista en Granma, que lo vendieron como un momento histórico. Pero más que historia, lo que se vio fue otro capítulo de la maquinaria propagandística, donde la cultura se usa como herramienta para reforzar el discurso oficial.

No es la primera vez que Fabré se presta para este tipo de actos. En los últimos años ha estado presente en eventos políticos en la misma provincia y ha lanzado declaraciones alineadas con el sistema. Aunque en ocasiones ha dejado ver posturas más suaves, como cuando habló de reconciliación entre cubanos, su imagen sigue ligada al aparato del poder.

Todo esto ocurrió bajo el lema “La Patria se defiende”, una frase que el régimen repite mientras el país se hunde en apagones, escasez y salarios que no alcanzan ni para empezar el mes. La fiesta arriba, la necesidad abajo.

El contraste es cada vez más evidente. Mientras en Bayamo se montaba un concierto con tarima y sonido de primera, en otras partes del país la gente sigue resolviendo como puede. Y por si fuera poco, el desfile nacional en La Habana también dejó su cuota de polémica.

Desde imágenes cuestionables en Pinar del Río hasta detalles que no pasaron desapercibidos, como los tenis de lujo del propio Díaz-Canel, todo sumó a una sensación general de desconexión total entre el discurso oficial y la vida real del cubano.

Incluso la asistencia fue menor que en otros años, algo que muchos interpretan como una señal clara: cada vez cuesta más llenar las calles con entusiasmo real.