La historia del terrible Huracán de los Cinco Días que casi borra a La Habana del mapa de Cuba

Numerosos fenómenos meteorológicos han azotado Cuba desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, el ciclón tropical que afectó el occidente de la Isla en octubre de 1910 siempre será recordado como uno de los más devastadores. Conocido como el Huracán de los Cinco Días, casi llega a borrar a La Habana y Pinar del Río del mapa por la destrucción que causó durante su particular recorrido en forma de lazo.

Del 8 al 12 de octubre se desplazó en un rumbo próximo al norte noroeste, y el 14 cruzó sobre o muy cerca de la porción oeste de la Isla de la Juventud, azotándola con fuerza, para luego penetrar por la costa sur de Pinar de Río en una zona cercana a La Coloma.

La prensa cubana recogió impresionantes imágenes del paso del huracán por el occidente del país

Aún cuando en ese tiempo no se contaba en Cuba con la tecnología apropiada para medir la intensidad de estos fenómenos meteorológicos, algunos expertos consideran que, por sus vientos sostenidos de entre 210 y 250 km por hora, lo más probable es que se tratara de un huracán de gran intensidad categoría 4.

Cuando ya se encontraba próximo a salir por la costa norte de la provincia más occidental de Cuba, el huracán fue bloqueado por un anticiclón que lo obligó a realizar una trayectoria en forma de lazo. Primero se desplazó al oeste, luego al sur, al sureste, y de nuevo hacia el nordeste. Esta errática trayectoria lo hizo pasar dos veces por las inmediaciones de Cayo Jutía en Pinar del Río.

Trayectoria aproximada del Huracán de los Cinco Días.

Las intensas lluvias que traía asociadas cayeron sin piedad sobre el occidente de Cuba y provocaron enormes inundaciones.

Es probable que los acumulados sobrepasaran los 500 milímetros en algunos puntos, en particular en las zonas montañosas. Sus fortísimos vientos abarcaron también a lo que son hoy las dos provincias habaneras y Matanzas. Con menor intensidad se extendieron hasta Cienfuegos y Villa Clara.

Los daños económicos fueron enormes, sobre todo en Pinar del Río, donde derribó gran parte de las viviendas rurales. Asimismo, acabó con un alto porcentaje del ganado y destruyó por completo la cosecha tabacalera.

La carencia de datos demográficos exactos, y de un estudio referido al impacto provocado por este notable huracán, impide hacer un conteo real del número de víctimas fatales, pero los historiadores y conocedores del tema sitúan el numero de fallecidos por encima del millar, de ahí que sea considerado entre los desastres más significativos en la historia de Cuba.


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