Hoy cumple 95 años de edad la estelarísima Juana Bacallao

Un día como hoy, hace ya 95 años, nació Neris Amelia Martínez Salazar, pero para los cubanos es simplemente Juana Bacallao… o lo que es el lo mismo, el arte puro encarnado en una mujer.

Quién iba a decir que esta mujer, que quedaría huérfana a muy temprana edad y estudiaría en un colegio para monjas, se convertiría luego en la Diosa Negra de los cabaret en Cuba.

Pero nació con el arte en sus venas y la sabrosura de la tumbadora corría por su sangre… aunque también se conjugó con la suerte, cuando fue descubierta por Obdulio Morales, mientras cantaba y limpiaba las escaleras de la casa en la esquina de Laguna y Perseverancia, en el municipio de Centro Habana, donde trabajaba como empleada doméstica.

Rápidamente se acercó a ella y le propuso su primer papel, que la llevaría de ser toda una desconocida a trabajar directamente en el famoso Teatro Martí con la obra El Milagro de Ochún. Allí, sobre ese escenario, junto a Rita Montaner, Garrido y Piñeiro, Candita Quintana, Alicia Rico y todas las grandes estrellas del momento, nació Juana Bacallao… la artista… y también el nombre que marcaría por siempre su carrera, gracias a la interpretación de la guaracha “Yo soy Juana Bacallao”, que sirvió entonces para promocionar su gran debut.

Nadie como ella ha cantado con tanta gracia y enjundia nacionales aquellas estrofas de:

Yo soy Juana Bacallao
Yo soy Juanita Bacallao
La negra que en el bembé
Salpica pa no mojar

Así vendrían entonces las presentaciones en las más importantes plazas nocturas de la Cuba del ayer, como el Salón Rojo del Hotel Capri, el Parisien del Hotel Nacional, el Caribe del Hotel Habana Libre, el Bar Alí, el Palermo, el Tropicana, el Copa Room del Riviera, el Teatro Campoamor y el cabaret Sans Souci. Nadie como Juana Bacallao descubrió las verdaderas noches de cabarets en Cuba…

Aplaudida también en escenarios de los más importantes alrededor del mundo, ella siempre quiso regresar a sus escenarios, a los cubanos, donde se convirtió en la gran figura que es hoy en día.

Compartió escena y fue aplaudida a iconos como Nat King Cole, Bola de Nieve, Chano Pozo y Beny Moré, y se presentó en países como República Dominicana, España, Estados Unidos, Francia, México, Venezuela y en la Opéra-Comique de París en tres ocasiones, cada una de ellas fue un éxito rotundo.

La televisión, sin embargo, casi siempre la trató como una proscrita, quizás porque la consideraban una “artista para centro nocturnos”, solo eso… Lo que la llevó a desarrollar una teatralidad escénica única y extravagante que finalmente la hizo ser un icono inigualable de la cultura cubana.

En su carrera no han faltado las incomprensiones, los dolores de cabeza, la discriminación y el desdén, pero Juana Bacallao siempre supo imponerse, incluso cuando la confinaron a presentarse solamente en centros nocturnos de segunda o tercera categoría en las playas de Marianao, Centro Habana o La Habana Vieja, ella hacia lo suyo sin pensar que se tratara de un publico lleno de borrachos, pues el desenfado y el “cuero” se convirtieron en su más eficiente arma.

La Revolución la consideró durante muchos años la representación de una sub cultura, tachada de vulgar, chabacana e inapropiada para los cánones del comunismo. Continuo dedicándose a lo que siempre amó: actuar en centros nocturnos por todo el país, animando fiestas de carnaval… pero siempre lejos, muy lejos, de los medios estatales: nada de televisión, ni de radio, ni de discos, ni de grandes teatros.

Eso no la amilanó, al contrario, su sentido único del marketing, muy personal por cierto, la seguía haciendo conocida, popular, admirada y querida por el pueblo.

Cuando nadie imaginaba en Cuba andar con un teléfono móvil por las calles, ella llevaba siempre en su cartera el auricular de un teléfono convencional, por el que hablaba y daba ordenes como si tuviera un ejército de personas pendientes a ella: “Ténganme lista la comida que ya voy para allá… Díganle al peluquero que me espere…”

En la noche, cuando se encontraba con alguien que le decía que hacía mucho tiempo no la veía, ella contestaba a toda voz: Yo no salgo de día, porque las estrellas solo salimos de noche.

Ella también vivió su propia batalla, cuando el alcohol le impuso una triste dependencia, que la llevó a estar en un estado lamentable… hasta que un buen día renació, totalmente curada de un mal que más nunca volvió a tocar a su puerta… volvió a ser ella y recuperar el tiempo malgastado.

Pero a estas alturas de su larga vida ya ha dejado de ser hace mucho tiempo Amelia Martínez, como irá dejando de ser Juana Bacallao… para pasar a la posteridad, en la imaginación y la realidad como lo que siempre ha sido. Así, sencillamente: Juana… la cubana.


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