Iglesia de San Francisco de Asís, la única en Cuba que ha sido excomulgada y más nunca puede ser un templo católico

La Historia es una gran espiral que alberga todo y a todos. Gira y gira hasta que cada cosa encuentra su lugar una vez más en el tiempo. Así ha ocurrido con la fascinante historia de la Iglesia de San Francisco de Asís, un centro religioso marcado por el florecimiento de su orden y su arquitectura, luego profanado y conducido al declive para siglos más tarde renacer de sus propias cenizas y erigirse como una gran pieza arquitectónica, símbolo del esplendor artístico de la Cuba colonial.

Aunque fue fundada entre los años 1541 y 1591, su construcción finalizó 200 años después, en 1638. El estilo arquitectónico de esta pieza es el barroco cubano colonial; está compuesta por tres naves y doce columnas que las sostienen, representativas de los doce apóstoles.

Alcanzó tal auge la Iglesia, el Convento y la orden de los franciscanos, que fue seleccionada por las autoridades eclesiásticas de la época para convertirse en la Catedral de La Habana. Sin embargo, el destino de esta magnífica edificación estaba a punto de cambiar.

En 1762 ocurre un hecho fundamental en la historia de nuestra capital: la invasión de los ingleses a La Habana. Como España, La Habana se erigía como ciudad católica, mientras que los invasores eran protestantes declarados. Así pues, esta invasión no solo representaba un choque de carácter político, sino también religioso. El obispo de
entonces, Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, se mostró implacable con los invasores, en especial con el General Conde de Albemarle, quien no respetó los acuerdos pactados relacionados con la Iglesia. Esta oposición le acarreó al obispo el exilio del país durante un año. Con su ausencia, los ingleses profanaron y saquearon la Iglesia de San
Francisco y practicaron sus cultos protestantes en la instalación.

Una vez finalizada la invasión y derrotados los ingleses, el Obispo Morell regresa a la Isla y declara la “iglesia maldita”. De este modo, la construcción es abandonada y su propósito olvidado. No obstante, la historia volvería a darle su lugar a esta institución.

En la década de los 90 del siglo pasado, la Oficina del Historiador restaura el centro con gran detalle y rescatan el inmueble en su mayoría, convirtiéndolo en un Museo de Arte Religioso. Allí se muestran pinturas, objetos de plata, piezas de cerámica y arqueológicas con motivos sacros, muchas de ellas originales del siglo XVII. Además, la Basílica Menor del Convento fue transformada en una sala de conciertos y conferencias por su impresionante acústica. La Iglesia de San Francisco de Asís recuperó su glorioso esplendor y ahora corona la conocida Plaza de las Palomas.

 


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