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¿Qué puede comprar realmente un anciano jubilado en Cuba con una pensión mensual de 10 dólares?

Desde hace poco más de un año años, el Gobierno cubano incrementó la pensión mínima a los jubilados a 1500 pesos, un valor que se encuentra muy distante a garantizar que quienes han dedicado su vida a su trabajo puedan disfrutar de una vejez plena y cómoda, esta es la historia de un jubilado en Cuba.

Cuba es un país envejecido, los jubilados tienen que seguir trabajando aún con edades avanzadas para poder subsistir y afrontar los precios de un sistema económico que cada vez está más enfocado al turismo que a los propios cubanos.

A raíz de esto, los precios se van volviendo cada vez más inalcanzables para más y más cubanos, los cuales cada día ven como suben los precios de restaurantes, bares y demás negocios particulares.

Es realmente triste para los jubilados el saber que con su modesta pensión solamente tendrán acceso a adquirir los racionados productos de la canasta básica que se expende en las bodegas, un compendio de productos que incluye aceite, arroz, azúcar y poco más, pero que a la hora del ir al agro con la libra de carne de cerdo rozando los 250 pesos y la libra de tomate a 15 pesos bien poco pueden hacer.

Prácticamente el jubilado tiene que escoger en que mes se va a comprar el aseo y en cual la carne porque con su pensión solo le da para quedarse con “Juana o con la hermana”.

Si por el contrario enfila sus pasos a una tienda en divisas el panorama es aún peor. Una botella de aceite, una cajita de puré de tomate y un paquete pequeño de muslos de pollo ya casi ronda en el mercado negro los 1500 pesos que se reciben a modo de pensión.

Ahora si por el contrario el jubilado quiere comprarse algo de ropa ahí si se le trabaría el paraguas, ya que el precio de un pantalón que no sea de los más caros puede hasta duplicar sus modestos 1500 pesos.

Por eso las calles de Cuba se han poblado de ancianos tratando de ganarse la vida. Muy temprano en la mañana, los kioscos se llenan de abuelos comprando periódicos para revender, mientras a la misma hora otros empiezan a asar el maní que ofrecerán en los semáforos y algunos se preparan para pasar el día cuidando automóviles.

Todo lo anteriormente expuesto demuestra lo difícil que es vivir en Cuba para los jubilados, quienes después de mayores tienen que volverse magos para poder estirar una pensión que cubre ni la tercer parte de sus necesidades.

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