Leocadia y el Hermano José, la tumba más enigmática que se venera en el Cementerio de Colón

Redacción

Leocadia y el Hermano José, la tumba más enigmática que se venera en el Cementerio de Colón

En el Cementerio de Colón, en la capital cubana, existen dos tumbas que son las que más visitas reciben: la primera (y sin duda alguna), es la de Amelia Goyri conocida por “La Milagrosa” y la segunda, la del Hermano José.

A la tumba del Hermano José no son pocos los que asisten cada año el 19 de marzo, fecha en la que se conmemora el toque de violín. Sin embargo, a lo largo de todo el año, varios fieles visitan la tumba de Leocadia Pérez Herrera, para venerar al Hermano José, que se identifica por una estrella tejida de siete puntas y siete colores.

Según se cuenta, Leocadia Pérez Herrera y el Hermano José, el espíritu centenario del esclavo que invocaba en sus consultas, no responden a ceremonias religiosas afrocubanas, sino a su condición de espiritista.

Leocadia nació en Guiñes, en 1893, pero gran parte de su quehacer tuvo lugar en el Habanero municipio de Arroyo Naranjo. Se dice que llegó a recibir visitas de renombre como el senador Heriberto Madrigal, Ignacio Jacinto Villa Fernández (Bola de Nieve), y hasta el propio Fulgencio Batista.

Su templo se encontraba a una cuadra del Café Colón, en las afueras de La Víbora. Allí iba a consultarse cientos de personas, que según los enterados, hacían colas desde la madrugada para ser vistos por el Hermano José. Tan poderoso era, decían, que Leocadia salía y llamaba sólo a los que tenían problemas. A los demás les decía que se marcharan que no necesitaban de él.

Numerosos mitos rodean a Leocadia. Uno de los que más se recuerda fue el del retrato del hermano José o o Tá José, cuando el espíritu esclavo se le apareció a un pintor ciego y éste pudo dibujarlo con el pincel.

Como suele suceder en el imaginario popular, el cuadro llegó a exponerse durante el funeral de Leocadia y luego fue enterrado con ella. En aquel momento, los presentes aseguraron que a medida que iban introduciendo el cuerpo de Leocadia en el ataúd, la imagen del esclavo en el cuadro se iba borrando.

Cuando este tipo de historias va pasando de boca en boca y de generación en generación, hace que la gente vaya aportando cada vez más a lo sucedido y muchas veces termina la historia en una figura que se venera luego de haberse ido al más allá.

Lo cierto es que es después de La Milagrosa, e incluso a más de medio siglo de su muerte, esta es una de las dos tumbas más visitadas de la necrópolis de Colón en La Habana.