A casi un año y medio de su desaparición, la joven madre cubana Karildi Caridad Marín parece haber sido tragada por la tierra en Cuba

Redacción

En el barrio habanero de Párraga, municipio Arroyo Naranjo, la angustia se ha convertido en rutina para la familia de Karildi Caridad Marín, una joven madre de 25 años que desapareció en diciembre de 2023. Hasta hoy, casi un año y medio después, nadie sabe con certeza qué pasó con ella.

Karildi salió de su casa el 14 de diciembre con la idea de ir a una fiesta en el Cerro. Desde entonces, el silencio ha sido lo único constante. Ni una pista clara, ni una señal, ni una explicación por parte de las autoridades. Su familia ha tenido que aprender a vivir entre la esperanza y el dolor, aferrados a una búsqueda que no termina.

Su hermano, Yoandri Marín, ha sido el motor incansable detrás de esta lucha. Desde los primeros días se volcó a las redes sociales, contactó a medios independientes, y buscó el apoyo de colectivos feministas para que el caso no cayera en el olvido. Pero en más de una ocasión ha dicho, con rabia y desconsuelo, que la investigación oficial ha sido lenta, sin seguimiento real y con muy poca comunicación.

A esta pesadilla se suma otra herida: la pequeña hija de Karildi, quien recientemente cumplió dos años y crece sin el calor de su madre. En marzo, la familia compartió un mensaje profundamente emotivo en redes sociales recordando el cumpleaños de la niña, un momento que debería haber estado lleno de alegría y no de ausencia.

El caso ha sido visibilizado gracias al Observatorio de Género de Alas Tensas, que activó una #AlertaYeniset, un mecanismo para llamar la atención pública sobre desapariciones de mujeres en Cuba. Desde este espacio han insistido en que el país necesita protocolos claros, efectivos y sensibles para actuar ante estos casos, que lamentablemente van en aumento y se topan muchas veces con la indiferencia institucional.

A pesar del tiempo, la comunidad no ha bajado los brazos. Vecinos, amigos y hasta desconocidos han compartido su historia, difundido imágenes, e incluso se han organizado para aportar cualquier dato que pueda acercar a la verdad. Pero con cada mes que pasa, el miedo crece: el miedo a que el caso se enfríe, a que nadie rinda cuentas, a que la historia de Karildi se pierda entre tantas otras.

Y es que, tristemente, Karildi no es la única. Su desaparición forma parte de una lista que crece silenciosamente: la de mujeres cubanas que desaparecen sin dejar rastro y cuyas búsquedas recaen casi exclusivamente en manos de sus familiares y activistas.

Este drama humano exige algo más que palabras y promesas vacías. Es urgente que en Cuba se diseñen políticas públicas serias, con mecanismos reales para prevenir, investigar y acompañar estos casos. Porque mientras no se tomen acciones firmes, la historia de Karildi seguirá repitiéndose en otras familias, en otros barrios, con otros nombres… y con el mismo dolor.

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