El régimen de Miguel Díaz-Canel volvió a demostrar dónde pone sus prioridades: en el lujo de la cúpula militar, no en las necesidades del pueblo. Este miércoles, el mandatario recorrió la flamante Casa Central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), antes conocido como el Miramar Yacht Club, mostrando una instalación que parece de otro país, totalmente alejada de la miseria que vive la mayoría de los cubanos.
Acompañado por el primer ministro Manuel Marrero Cruz y el ministro de las FAR, Álvaro López Miera, Díaz-Canel caminó orgulloso por el exclusivo centro recreativo, ubicado en el municipio Playa. El lugar estuvo en proceso de remodelación desde 2020 y, según cifras oficiales, ya ha recibido a casi 100 mil visitantes en lo que va de 2025. Claro, visitantes seleccionados, no cualquiera.
La propaganda del régimen celebró la rehabilitación de playas, canchas deportivas, restaurantes y hasta espacios culturales, destacando —cómo no— el “aporte de las empresas de las FAR” y el uso de “recursos nacionales”. Lo que no dicen es de dónde salen esos recursos, mientras el pueblo no tiene ni para reparar el techo de su casa.
Díaz-Canel elogió la supuesta “belleza y el orden” del club, calificándolo como ejemplo de “inteligencia y sistematicidad” en conservación de instalaciones. Palabras bonitas para ocultar una verdad brutal: se invierte en lujo para los militares, mientras miles de familias cubanas siguen viviendo entre derrumbes y techos que se caen a pedazos.
Una burla en medio de la miseria
La polémica no es nueva. Ya en 2023, cuando se anunció la construcción de nuevas piscinas, una discoteca y ampliaciones estructurales, muchos se preguntaron: “¿Será este el momento para gastar en eso?”. Entre ellos, la profesora Eunice Lores Roque, quien denunció el descaro de destinar recursos a espacios recreativos exclusivos, mientras el pueblo lidia con apagones, falta de alimentos y viviendas en ruinas.
Y la ironía es doble. Mientras el club luce reluciente y exclusivo, otros centros emblemáticos como la discoteca del Comodoro, el Parque Lenin y el antiguo Balneario del Casino Español de La Habana están en ruinas, testigos mudos del abandono estatal hacia cualquier espacio que no sirva para la élite.
Un símbolo del poder militar
El Miramar Yacht Club fue inaugurado en 1926 como lugar de recreo de la alta sociedad habanera. Tras 1959, las FAR lo tomaron para su uso privado y nunca lo soltaron. Hoy, después de costosas remodelaciones, el mensaje es claro: en Cuba, la Revolución no es para el pueblo, sino para garantizarle privilegios a los militares y a quienes mandan.
Mientras tanto, el cubano de a pie sigue lidiando con escuelas en ruinas, hospitales sin recursos y mercados vacíos. Pero el régimen insiste en mostrarse orgulloso de una instalación que simboliza el lujo y la desconexión de una cúpula que vive en otra realidad.
En la isla, la desigualdad ya no se esconde: se exhibe.