La seguridad en las cárceles cubanas quedó en entredicho tras la fuga de dos reclusos de la prisión Canaleta, en Ciego de Ávila. El hecho desató alarma entre la población, que no solo cuestiona la vigilancia en estos centros, sino también las condiciones infrahumanas que allí se viven.
Según el perfil oficialista Avileños de Corazón, los fugados fueron identificados como Ángel Luis Torres Santana, conocido como “Michel”, e Idalberto Pérez Olivera, alias “Basurita”. Ambos fueron recapturados tras un supuesto operativo “sin descanso” de las fuerzas del Ministerio del Interior (MININT), aunque sin ofrecer pruebas claras ni detalles precisos de cómo ocurrió todo.
En su estilo habitual, el medio propagandista celebró la detención como si fuera una gran hazaña, pero evitó dar información clave sobre dónde y en qué circunstancias se produjo la captura, así como el tiempo real que permanecieron fuera de la prisión.
Más allá del parte oficial, la fuga revela la profunda crisis que atraviesa el sistema penitenciario cubano, marcado por el hacinamiento, la falta de alimentos y las pésimas condiciones sanitarias. Mientras el régimen se ufana de su “eficaz” control, la realidad muestra un país donde la desconfianza en las instituciones y la desesperación de los presos van en aumento.
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