El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel volvió a apostar por la ayuda extranjera para tratar de salvar lo que queda de la industria azucarera, que hoy está prácticamente en ruinas. Esta vez recibió en La Habana a una delegación de empresarios chinos del sector, tratando de cerrar acuerdos que saquen del hueco a la agroindustria que alguna vez fue orgullo nacional.
La comitiva fue encabezada por Zhang Anming, directivo del grupo estatal Guangxi State Controlled Capital Operations Group Limited, como parte de los compromisos pactados con el presidente chino Xi Jinping. Todo suena muy bonito, pero detrás de la diplomacia se esconde una realidad incómoda: el régimen sigue dependiendo de terceros para arreglar lo que destruyó con décadas de mala gestión.
Un rescate que huele a desesperación
Durante la reunión, Díaz-Canel se deshizo en elogios hacia la experiencia de la región autónoma de Guangxi en cultivo y procesamiento de caña de azúcar. También mencionó la colaboración con centros de investigación y universidades cubanas, como si eso fuera suficiente para levantar una industria que colapsó por culpa del abandono estatal, la corrupción y la falta de inversión.
La delegación china recorrerá algunos centrales en la zona central de la isla, pero la realidad es que muchos están en estado crítico, con equipos desmantelados y estructuras oxidadas que apenas funcionan.
La peor zafra en más de cien años
La zafra 2024-2025 dejó números de espanto: menos de 150 mil toneladas métricas. Eso es menos de la mitad del plan oficial y una caída brutal para un país que en 1989 llegó a producir 8 millones de toneladas y era el mayor exportador mundial de azúcar crudo.
Para comparar, en 2019 se lograron 1.3 millones de toneladas, en 2023 apenas 350 mil, y para 2025 la cifra se desplomará aún más. Hoy Cuba ni siquiera produce lo suficiente para abastecer su propio consumo interno y depende de importaciones para garantizar el azúcar en la libreta.
Un colapso que se siente en toda la isla
La debacle es nacional. Villa Clara apenas logró la mitad de lo previsto; Las Tunas se quedó en un 16% de su plan; Camagüey produjo unas tristes 4 mil toneladas de las 23,500 planificadas; y Ciego de Ávila ni arrancó la zafra por deudas eléctricas.
En Guantánamo, el central Argeo Martínez comenzó con un mes de retraso y cerró con menos producción que el año anterior. Apagones, falta de combustible, caña insuficiente y equipos deteriorados son la norma en un sector que hoy es la radiografía exacta del fracaso económico del régimen.
El gobierno, sin plan y buscando milagros
A pesar del desastre, el régimen no tiene un plan integral para salvar la industria. Todo se reduce a esperar que inversionistas extranjeros, como los chinos, pongan el dinero que ellos se robaron o malgastaron durante más de tres décadas.
La llamada “colaboración internacional” no es más que un intento de maquillar el colapso de una de las industrias más emblemáticas de la historia cubana. Un colapso que, como todo en la isla, tiene nombre y apellido: la ineficiencia crónica del régimen.