La noticia vuelve a poner en el ojo público a los cubanos que salen de la Isla cargando efectivo en medio de una crisis que no da tregua. Esta vez, un joven de 26 años fue detenido en el Aeropuerto Internacional de Panamá Pacífico luego de que las autoridades le encontraran 12.000 dólares sin declarar en su equipaje. Venía en un vuelo directo desde La Habana, y el caso fue confirmado por el medio local Destino Panamá.
Según el reporte, durante la inspección de rutina los agentes detectaron irregularidades y decidieron hacerle una segunda revisión. Fue entonces cuando descubrieron el dinero escondido. No se reveló la identidad del muchacho, pero el hecho se suma a una tendencia cada vez más común entre viajeros procedentes de Cuba.
En esa misma semana, las autoridades panameñas detectaron seis pasajeros —entre ellos varios cubanos— que intentaron entrar al país con un total de 92.000 dólares sin declarar, todos en vuelos provenientes de La Habana. Un detalle que deja claro hasta qué punto el régimen cubano ha convertido a su propia gente en mulas financieras, obligadas a mover dinero en efectivo bajo riesgo de ser atrapados.
La Aduana de Panamá volvió a recalcar la importancia de declarar todo monto en efectivo que sobrepase el límite legal, recordando que quienes incumplen pueden enfrentar sanciones o cargos criminales. Pero detrás de esos comunicados formales late una realidad incómoda: los cubanos, asfixiados por el sistema, se ven empujados a cargar fajos de billetes en aeropuertos extranjeros porque dentro de la Isla no hay ni estabilidad bancaria ni confianza en las instituciones.
No es un caso aislado. En junio, otra cubana fue sorprendida en el mismo aeropuerto transportando más de 10.400 dólares sin declarar, y apenas a inicios de agosto dos compatriotas cayeron en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México con más de dos millones de pesos mexicanos en efectivo, también sin justificación alguna.
Estos incidentes reflejan el caos económico que impone el castrismo. La gente huye con lo que tiene a mano, incluso a riesgo de la cárcel, porque en Cuba no existe ni ahorro seguro ni futuro. Lo que debería ser normal —viajar sin miedo a perder tu dinero— se convierte en una odisea más de la diáspora cubana, marcada por la desconfianza en un sistema que solo sabe exprimir a su pueblo.