En Cuba ya no sorprende que los hospitales, en lugar de ser un lugar de alivio, se hayan convertido en un terreno fértil para estafas y engaños. Un hombre identificado como Daniel López fue señalado en redes sociales por hacerse pasar por familiar de una paciente en estado crítico, solo para ganarse la confianza de otras familias y luego robarles sus pertenencias en hospitales de La Habana.
Según los testimonios publicados en el perfil de Omo Obbatalá, este individuo, natural de Aguada de Pasajeros, se paseaba por salas de terapia intensiva y cuerpos de guardia asegurando que su madre estaba muy grave. Con ese cuento, añadía que pasaba por serios problemas económicos y que estaba completamente solo en la capital. La historia, bien armada, generaba compasión entre quienes lo escuchaban.
Durante varios días, convivió con familiares que realmente sufrían la angustia de tener a un ser querido ingresado. Movidos por la solidaridad, le ofrecieron de todo: desde un plato de comida hasta compañía y apoyo emocional. Pero todo era una farsa. Nunca tuvo a nadie hospitalizado, su objetivo era robar a los que le tendían la mano.
En redes sociales, muchos lo catalogaron como un estafador “muy astuto” y advirtieron a quienes acompañan pacientes en hospitales cubanos que extremen precauciones. El modus operandi es claro: aprovecharse de la vulnerabilidad ajena con el repetido cuento de la madre en terapia intensiva para entrar en confianza y luego actuar.
El caso generó indignación y alarma, porque se trata de familias ya golpeadas por la preocupación de la salud de sus seres queridos, a quienes este sujeto terminaba despojando de lo poco que llevaban consigo.
Y no es un hecho aislado. Hace poco trascendió la denuncia contra Belkis Bauzá, una mujer que se hacía pasar por trabajadora del hospital Vladimir Ilich Lenin, en Holguín. Se paseaba por las salas como si fuera personal del centro, identificaba camas vacías y luego las “vendía” a familias desesperadas que buscaban un lugar para dar a luz.
Detrás de este esquema, muchos sospechan que había complicidad del propio personal hospitalario, porque cuesta creer que alguien pudiera moverse con tanta soltura sin apoyo interno.