El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez anunció que se lanza otra vez a recorrer el mundo, esta vez con una gira oficial por Vietnam, China y Laos, países que el régimen llama “naciones hermanas” para disfrazar lo que en realidad son viajes en busca de oxígeno financiero.
En su cuenta de X, el mandatario soltó el discurso de siempre: que los unen lazos históricos de cooperación y solidaridad “a prueba del tiempo”. Pero la realidad es que, mientras él se pasea entre recepciones diplomáticas, en Cuba la gente pelea por un pedazo de pan y hace colas eternas para conseguir medicamentos.
Una gira que huele a súplica
Según la Presidencia, Díaz-Canel participará en los actos por los aniversarios históricos de Vietnam y China, y se reunirá con sus homólogos para “promover la cooperación bilateral” y apurar la creación de una llamada Comunidad de Futuro Compartido Cuba-China. Dicho en buen cubano: va a pedir ayuda y créditos para sostener a un sistema que ya no da más.
El mandatario no viaja solo. Lo acompañan figuras claves de la diplomacia y el comercio exterior, como Bruno Rodríguez y Óscar Pérez-Oliva Fraga, porque el objetivo no es solo político: es encontrar dinero, petróleo y acuerdos que mantengan respirando a la economía estatal, mientras la población sigue hundida en apagones, escasez y desesperanza.
Propaganda afuera, caos adentro
Este 2025, Díaz-Canel ha convertido las giras internacionales en una rutina de escapismo. En mayo estuvo en Rusia, celebrando con brindis en el Kremlin mientras en Cuba se racionaba hasta el pan. Luego fue a Bielorrusia, regalando ron y puros a Lukashenko mientras la isla sufría un colapso energético histórico.
Ahora la parada es China, socio militar y político clave, con denuncias internacionales sobre instalaciones de espionaje chino en territorio cubano. Pero ni eso preocupa al régimen, que sigue aferrado a la narrativa de la “solidaridad internacional”, mientras dentro de la isla millones viven entre pobreza extrema, hospitales colapsados y servicios básicos al borde del derrumbe.
Un viaje más, un problema menos… para ellos
Cada vez que Díaz-Canel toma un avión, deja atrás la miseria de un pueblo que ya no cree en promesas. Estos viajes son puro teatro diplomático para asegurar favores y recursos, pero no solucionan la crisis estructural de un país que se desmorona a la vista de todos.