La masonería en Cuba vuelve a estar en boca de todos tras destaparse un desfalco que supera los 40 mil dólares, dejando claro que la corrupción y el manejo turbio de fondos no son exclusivos del régimen, sino que contaminan hasta espacios históricos de la sociedad civil.
El ex Gran Maestro Mario Urquía Carreño y el ex Gran Tesorero Airam Cervera Reigosa devolvieron un millón de pesos cubanos (CUP) a la Gran Logia de Cuba, luego de que la actual directiva denunciara un robo millonario. El medio independiente Cubanet confirmó que la entrega del dinero se hizo ante funcionarios del Ministerio del Interior, el Ministerio de Justicia y el Banco Nacional de Cuba.
Un robo que deja muchas preguntas
Según la investigación, los acusados habían sustraído al menos 2,1 millones de pesos mediante alteración de estados bancarios y facturas falsas, lo que equivale a más de 17 mil dólares al cambio oficial. La directiva masónica asegura que en los próximos días podrían devolverse otros 3 millones de pesos adicionales, aunque todavía falta por esclarecer el destino de una suma mayor.
Pero la cosa no queda ahí. El informe también menciona el supuesto robo de 19 mil dólares pertenecientes al Asilo Nacional Masónico, dinero que se habría tomado directamente de la oficina de Urquía Carreño y cuyo paradero sigue siendo un misterio.
¿Protección del régimen?
El escritor y masón Ángel Santiesteban-Prats lanzó una pregunta que retumba fuerte entre los miembros de la fraternidad y la opinión pública: ¿por qué, si ya está probado el robo, los implicados siguen en libertad?
En un comentario publicado en redes sociales, dejó entrever que el régimen podría estar protegiendo a los acusados para intentar “dar un golpe de efecto” a la masa masónica y controlar el daño político. “El Ministerio de Justicia los defendió hasta que fue imposible seguir tapando el escándalo”, afirmó, cuestionando la complicidad de las autoridades.
Crisis interna y descrédito público
La Gran Logia asegura que la denuncia presentada en septiembre de 2024 evitó la fuga de los responsables. Sin embargo, el daño ya está hecho: el descrédito público hacia la institución crece y la indignación interna no se calma, aun cuando en agosto de 2025 se restituyó parte del dinero robado.
El nuevo Gran Maestro, Mayker Filema Duarte, intenta recuperar la credibilidad, pero la sombra de la corrupción sigue pesando. Mientras no se esclarezca dónde fueron a parar todos los fondos y por qué los culpables no enfrentan cárcel, la masonería cubana quedará marcada por un escándalo que exhibe, una vez más, la podredumbre del sistema y su afán por encubrir a los suyos.