La pesadilla eléctrica en Cuba no da tregua. La unidad 5 de la termoeléctrica de Renté, en Santiago de Cuba, volvió a caerse del Sistema Eléctrico Nacional apenas unas horas después de haber sido sincronizada tras meses de mantenimiento. Lo que pintaban como un alivio terminó siendo otro chasco más en medio de la crisis energética que asfixia a la isla.
Este bloque térmico apenas estaba generando unos 50 megawatts de los 95 que debería aportar. En la madrugada de este sábado se desconectó, y según el director de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, Lázaro Guerra Hernández, la avería “parece menor” y podría reincorporarse “en las próximas horas”. Una promesa más de las que el régimen acostumbra a repetir, mientras el pueblo sigue a oscuras.
A la caída de Renté 5 se le suma el apagón de Mariel 5, que quedó fuera el viernes pero que, dicen, aportará 50 MW en el pico nocturno, y también Renté 3, que lleva días sin funcionar y no regresará hasta la próxima semana. Y la lista de “pacientes” es más larga: Santa Cruz 2 y Cienfuegos 4 siguen en reparaciones eternas, y Felton 2 continúa parada desde aquel incendio que la dejó fuera de juego hace más de tres años.
La realidad es que el parque termoeléctrico está en ruinas. Cada salida imprevista desmorona aún más un sistema incapaz de sostenerse, dejando a la gente condenada a apagones interminables que ya forman parte de la rutina diaria.
Para este sábado, la Unión Eléctrica (UNE) reconoció un déficit que supera los 1,600 megawatts en el horario pico. Eso significa que con una disponibilidad de apenas 2,085 MW frente a una demanda de 3,650 MW, buena parte del país se quedará sin electricidad durante largas horas. Y no es algo aislado: el propio parte oficial admitió que el viernes el servicio estuvo afectado las 24 horas.
Mientras tanto, el Ministerio de Energía y Minas saca pecho en redes sociales, anunciando que ya instalaron más del 50% de los parques solares previstos para este año. De los 51 planificados, solo 27 han sido conectados, aportando 580 MW al mediodía. Pero esa cifra suena a cuento cuando en provincias enteras los cubanos pasan más de 12 horas diarias sin corriente, sudando la gota gorda en medio del calor y viendo cómo la comida se echa a perder.
La situación energética de Cuba no es más que el reflejo de un régimen incapaz de garantizar lo básico. Cada megawatt perdido es una muestra más del fracaso de un sistema que lleva décadas apagando el futuro del pueblo.