La paciencia de los matanceros parece haberse agotado. Un cartel gigante con la imagen del presidente Miguel Díaz-Canel fue vandalizado este miércoles a la entrada del municipio de Perico, después de que la localidad permaneciera 27 horas seguidas sin electricidad.
El hecho no pasó desapercibido. Según contó Iván Hernández Carrillo al medio Diario de Cuba, el cartel fue rociado con un líquido oscuro como muestra de rechazo a la crisis energética que afecta a la isla. Aunque las autoridades locales actuaron rápido para limpiar la valla, el mensaje estaba claro: el descontento ciudadano frente al colapso de los servicios básicos está creciendo.
El apagón de casi un día y medio no fue un incidente aislado. Hernández Carrillo denunció que en el reparto Las Canteras, parte del mismo municipio, los vecinos llevan una semana completa sin electricidad debido a la rotura de un transformador, y las autoridades no han ofrecido solución. La frustración de los ciudadanos aumenta a cada hora que pasa sin respuesta.
Y si los cortes de luz no fueran suficientes, la situación sanitaria también empeora. Un brote de chikungunya avanza sin control en Perico, dejando a la población con fiebre, vómitos y debilidad. Una epidemióloga local confirmó que la epidemia comenzó tras la llegada de una persona infectada desde Bolivia y que ahora afecta a buena parte del municipio. La combinación de apagones prolongados y enfermedades contagiosas crea un escenario crítico para los residentes.
Este acto de vandalismo no es un hecho aislado en la provincia de Matanzas. Casos similares se han registrado en Cárdenas, en el callejón Brisas del Mar, donde los habitantes estuvieron nueve días sin electricidad. La falta de transformadores y el deterioro del sistema eléctrico en toda la isla evidencian que los apagones se han convertido en algo recurrente y desesperante.
Más allá del simbolismo del cartel, la acción refleja un hartazgo colectivo: los ciudadanos muestran, de manera silenciosa o directa, su rechazo a la gestión gubernamental mientras lidian con una crisis energética, sanitaria y social que parece no tener fin.
Mientras tanto, la electricidad sigue siendo un lujo en muchos barrios de Matanzas y otras provincias, y la población continúa buscando formas de resistir ante la falta de servicios básicos y la creciente preocupación por su salud y seguridad.