En Cuba cada día se repite una misma historia dolorosa: personas que desaparecen sin que exista un protocolo claro de búsqueda y familias que quedan prácticamente solas en medio de la angustia. Hoy esa realidad vuelve a golpear fuerte en La Habana con el caso de Betsy Scull Estévez, una adolescente de apenas 16 años que lleva seis días desaparecida y de quien no hay ni una sola pista.
La joven, residente en el municipio Diez de Octubre, desapareció el domingo 24 de agosto. Desde entonces, la familia ha movido cielo y tierra, pero lo único que reciben es silencio oficial. Según denuncian activistas del Observatorio de Género Alas Tensas, la policía tiene la denuncia en sus manos, pero hasta ahora no ha dado resultados ni informes claros sobre la búsqueda.
Betsy mide alrededor de 1,60 metros, lleva el cabello corto y hasta el momento se desconoce en qué circunstancias desapareció. Sus familiares están desesperados y piden ayuda ciudadana. Comparten un número de teléfono para cualquier pista y recalcan que cada minuto es vital cuando se trata de menores.
La situación no es aislada. En redes sociales circula la etiqueta #AlertaMayde, impulsada por colectivos feministas y activistas independientes para visibilizar los casos de desapariciones en Cuba. Pero el problema va más allá de una simple etiqueta: la isla carece de un protocolo oficial de actuación para estos escenarios, lo que deja a las familias en completo desamparo.
La historia de Betsy se suma a una lista creciente de desapariciones recientes. Está el caso de Deyriland Hernández Peralta, un joven de 17 años desaparecido desde el 11 de agosto; el de Alicia María Montes de Oca, con problemas de salud mental, cuyo rastro se perdió el 21 de agosto en Guantánamo; o el de Over Luis, buscado por sus familiares desde el 18 de agosto. También preocupa la desaparición de Annia Robert Isaac, cuya familia incluso ha ofrecido una recompensa de 250 dólares para localizarla, y la de Noguella Lezcano Milián, una anciana de 80 años desaparecida desde hace dos semanas, con una recompensa de 200 dólares por información certera.
Este panorama refleja una cruda realidad: en Cuba no existe un sistema público de alerta rápida ni cobertura mediática oficial que visibilice estos casos. Ante ese vacío, las familias han tenido que apoyarse en grupos de Facebook, WhatsApp y cadenas de solidaridad digital para compartir fotos, testimonios y posibles pistas.
En raras ocasiones los medios estatales mencionan estas situaciones. Un ejemplo fue en julio, cuando el Canal Educativo habló de la desaparición de Doraiky Águila Vázquez, una mujer habanera desaparecida desde marzo. Pero ese tipo de cobertura es la excepción, no la regla.
Mientras tanto, los familiares de Betsy y de todos los desaparecidos en Cuba siguen en la incertidumbre, luchando contra el tiempo y contra el silencio. Y es ahí donde la sociedad civil demuestra una vez más que la unión y la solidaridad pueden marcar la diferencia.