El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel aterrizó en Vietnam este fin de semana con su esposa Lis Cuesta, en lo que parece más una gira de lujo que una visita oficial. El detalle escandaloso no está en el destino, sino en el medio de transporte: un Airbus A330-200 arrendado a la aerolínea española Plus Ultra, que cuesta 11.000 dólares la hora de vuelo. Sí, mientras en Cuba la gente hace magia para conseguir un litro de aceite o un paquete de pollo, el “presidente” se pasea en un avión casi vacío que podría llevar hasta 299 pasajeros.
Este mismo aparato, identificado con el número de cola EC-KOM, no es nuevo en las andanzas del mandatario. Lo usó en septiembre de 2023 para viajar a Nueva York a la Asamblea General de la ONU y en noviembre de ese año para una gira por Medio Oriente. Ahora volvió a “rentarlo” para un viaje de 11 horas desde Estambul hasta Hanói, que según el rastreo del vuelo PU943 terminó el domingo a las 8:38 de la mañana. Un lujo millonario que contrasta brutalmente con la miseria del pueblo cubano.
En el aeropuerto internacional Noi Bai, Díaz-Canel fue recibido con todo el protocolo por dirigentes vietnamitas, entre ellos Nguyen Xuan Thang, un alto cargo del Partido Comunista de ese país. Mientras tanto, Lis Cuesta, como siempre, acompañó en silencio, aunque oficialmente ni siquiera aparece en la nómina. Eso sí, nunca falta en las fotos y en las giras, disfrutando de los privilegios reservados a la cúpula.
La prensa oficialista intentó darle un aire solemne al primer día de la visita. Mostraron a Díaz-Canel colocando una ofrenda floral ante un busto de José Martí en un parque de Hanói y recorriendo el Museo Nacional de Historia Militar. Gesto simbólico, puro teatro, mientras en Cuba los hospitales parecen ruinas y la gente tiene que recurrir a curanderos porque no hay medicinas.
El viaje marca el inicio de una gira por Asia que incluirá Vietnam, China y Laos. Según escribió el propio Díaz-Canel en X, se trata de “naciones hermanas con las que Cuba comparte historia y solidaridad”. Palabras huecas que repite como mantra, porque lo cierto es que cada una de estas paradas es, en realidad, una búsqueda desesperada de recursos para mantener a flote un sistema que hace agua por todas partes.
En la agenda aparecen reuniones con sus homólogos, supuestamente para impulsar cooperación bilateral y dar continuidad a acuerdos anteriores. En el caso de China, incluso hablan de acelerar la llamada “Comunidad de Futuro Compartido Cuba-China”, otro de esos conceptos grandilocuentes que el régimen usa para disfrazar lo que no es más que dependencia económica.
Junto a Díaz-Canel viajan Bruno Rodríguez, Emilio Lozada y Oscar Pérez-Oliva, todos fieles engranajes del aparato de propaganda y gestión de la dictadura. Un séquito de funcionarios que, como buenos burócratas del régimen, disfrutan de viajes, hoteles y atenciones que el cubano de a pie solo puede ver en películas.
Mientras tanto, en Vietnam se conoció que en apenas unos días una campaña de solidaridad logró recaudar 14 millones de dólares para Cuba. El régimen se apresura a mostrarlo como prueba de amistad, cuando en realidad lo que deja en evidencia es su incapacidad total para generar riqueza y atender las necesidades básicas de su propio pueblo. La campaña se extenderá hasta mediados de octubre, y La Habana ya se frota las manos.