En Cuba hasta ir al zoológico se ha vuelto tema de debate. Y es que el Parque Zoológico Nacional anunció que cerrará sus puertas del 1 al 5 de septiembre para trabajos de mantenimiento y recuperación, luego de un verano bien movido con actividades y visitantes. Según explicaron en su página de Facebook, las labores son necesarias para poner el parque a punto y reabrir el sábado 6 y domingo 7, con las “operaciones habituales”.
No es la primera reparación que acomete la institución en estos meses. Hace apenas unos días celebraron la reapertura del lago de cocodrilos, tras un proceso de limpieza y restauración que permitió devolver a los ejemplares a su hábitat. La noticia fue recibida con entusiasmo, aunque también sirvió para que el zoológico recordara a los visitantes algo muy serio: no tirar piedras, palos o latas al agua para hacer que los cocodrilos se muevan. Parece increíble que haya que decirlo, pero esas prácticas dañan el ecosistema y ponen en riesgo a los animales.
El Zoológico Nacional, ubicado en Calabazar, Boyeros, es un espacio enorme: 342 hectáreas, más de 700 especies de animales y una característica que lo hace único en Cuba: los ejemplares viven libres de rejas, en áreas que simulan su hábitat natural. Además, el sitio es un paraíso para los amantes de las aves, pues allí se pueden observar más de 130 especies.
Hasta ahí todo bien, pero la otra cara de la moneda está en pleno corazón de La Habana: el histórico Zoológico de 26, que atraviesa uno de sus momentos más tristes. Mientras el Nacional intenta “ponerse bonito”, el de 26 luce abandonado y decadente. Las imágenes que circulan en redes sociales son durísimas: estanques secos, jaulas sucias, animales desnutridos y un olor insoportable que ahuyenta hasta a los más valientes.
Un trabajador del zoológico, con la sinceridad que caracteriza al cubano, lo resumió así:
“Si no hay pa’ los cubanos, ¿qué va a haber para los animales? Esto es un genocidio”.
Y es que la situación no refleja solo el colapso del zoológico, sino también el de un país entero, donde ya no hay recursos ni para humanos ni para bestias.
En las fotos compartidas por la página La Tijera en Facebook se ven cocodrilos en estanques secos y lagos artificiales completamente contaminados. Visitantes, entre ellos niños y ancianos, caminan tratando de evitar la peste, el calor y hasta las guasasas que rondan por el lugar.
Una abuela que llevaba a su nieta lanzó una frase que muchos piensan pero pocos dicen:
“Deberían hacerlo una MIPYME, si total ya todo lo que funciona aquí es privado”.
Ese comentario resume el sentimiento de gran parte de los cubanos, que ven cómo los servicios estatales se caen a pedazos mientras lo poco que todavía funciona se sostiene, de una forma u otra, gracias a la iniciativa privada.