En La Habana ya nadie se sorprende cuando escucha hablar de robos en las guaguas. Lo triste es que los carteristas parecen tener licencia para operar sin miedo, y los pasajeros viajan con el corazón en la boca, cuidando cartera, mochila y hasta el bolsillo delantero del pantalón. Pero esta vez la historia tomó un giro inesperado: un chofer decidió no quedarse de brazos cruzados y llevó el ómnibus ¡directo a la estación de policía!
El hecho ocurrió este domingo en la ruta P11, con el ómnibus 8404 como escenario del drama. Según una publicación en el grupo de Facebook Transportación Habana TH, el vehículo fue conducido hasta la PNR de Zanja y Dragones para “esclarecer los hechos de un móvil robado”. Ahí, los agentes actuaron con rapidez y revisaron a todos los pasajeros. Eso sí, nadie sabe si finalmente el teléfono apareció o si el ladrón se salió con la suya.
Este tipo de noticias no sorprende a los habaneros. Los robos en guaguas son casi parte del “paquete” del transporte público. La ciudad está llena de historias de carteristas que trabajan en equipo y se aprovechan del tumulto para hacer de las suyas. Mientras tanto, los pasajeros insisten en que tanto choferes como la policía suelen mirar hacia otro lado, dejando a la gente a merced de los ladrones.
Y no es un hecho aislado. En mayo de 2025, el mismo grupo de Facebook reportó otro caso: en la ruta P9, un grupo de carteristas le arrebató el celular a un pasajero a las 6:43 de la mañana. Imagínate empezar el día con semejante golpe… el madrugón para llegar al trabajo y encima quedarte sin móvil.
Por si fuera poco, en diciembre del año pasado otro episodio parecido terminó también con la intervención policial. Aquella vez, el chofer de una guagua atestada decidió parar el vehículo y obligar a los pasajeros de la parte delantera a bajarse, porque el robo había ocurrido justo ahí. Aunque fue una acción desesperada, al menos mostró que algunos conductores están dispuestos a hacer algo para frenar a los carteristas.
Lo cierto es que viajar en guagua en La Habana se ha convertido en una especie de ruleta rusa: nunca sabes si vas a llegar a tu destino con todas tus pertenencias. Los pasajeros ya no solo pelean por un asiento, ahora también tienen que pelear por no quedarse sin celular.