Una joya histórica valorada en más de un millón de dólares acaba de salir a la luz en Miami, y no es cualquier cosa. Es la pieza perdida de un collar de oro del siglo XVII, un tesoro europeo que pasó siglos bajo el mar frente a las costas de Florida y que ahora reaparece gracias al joyero cubano Carlos Marcelín y al coleccionista Antonio Sánchez Bretón.
La pieza llevaba décadas guardada en Miami, en manos de un coleccionista que decidió mostrarla por primera vez en exclusiva. “Nadie ha visto esta pieza… la hemos tenido guardada”, confesó Sánchez mientras se la entregaba a Marcelín, en un gesto que dejó claro el nivel de confianza entre ambos.
Todo indica que esta joya pudo pertenecer a la infanta Isabel, una figura clave de la realeza española. Formaba parte de las riquezas transportadas por una de las flotas que naufragó en el siglo XVII. Y lo interesante es que la pieza todavía conserva sedimentos de coral, como prueba viva de su largo sueño en el fondo del océano.
El coleccionista detalló que este collar era el único de su tipo que viajaba en El Atocha, el famoso galeón español “Nuestra Señora de Atocha” hundido en 1622 y convertido hoy en uno de los tesoros más legendarios del Caribe. Por eso esta joya no es solo un objeto bonito: es historia pura, una cápsula del tiempo de la opulencia —y del desastre— de las flotas españolas.
El Museo de Key West ya puso el ojo sobre la pieza, pero por ahora no hay acuerdo. El dueño insiste en que su deseo es que termine en manos responsables, y hasta lanzó una indirecta bien clara: “Nos gustaría que alguien la compre y la done al museo”.
La revelación ha causado revuelo entre expertos y coleccionistas, porque esta joya es única, irrepetible y la última parte que falta en el collar que exhibe el Museo de Key West. Cada detalle cuenta una historia de riqueza, tragedia y océano. Más de 400 años después, la joya vuelve a brillar… y esta vez, ante los ojos del mundo.







