El Tribunal Provincial de Matanzas celebró un juicio contra varios implicados en una supuesta red de tenencia y tráfico de drogas. El libreto fue el mismo de siempre: jueces, fiscales y medios oficialistas en una coreografía diseñada para mostrar “mano dura”, mientras esconden la raíz del problema que ellos mismos han creado.
Según la versión oficial, dos mujeres compraban cannabinoides sintéticos, lo que en la calle se conoce como Químico, adquiridos en San Miguel del Padrón para revenderlos en barrios de Matanzas como Pueblo Nuevo y Peñas Altas. La transportación corría a cargo de “mulas” que también ofrecían la mercancía a otros interesados en la provincia.
La jueza Mirielis Morales Rondón recitó el Código Penal como si con eso bastara para explicar el fenómeno. Habló de delitos “que afectan la salud” y señaló que los más dañados son los jóvenes. Lo que nunca dijo es lo que sabe todo cubano: el auge de estas drogas no nace en el vacío, nace en un país donde no hay futuro, donde miles de chamacos viven arrinconados entre el hambre, el aburrimiento y la desesperanza, mientras el Estado se dedica a vigilar y reprimir en vez de educar y prevenir.
El juicio, según la nota oficialista, transcurrió con “respeto a las garantías constitucionales”. Una frase que provoca más sonrisas amargas que confianza. En Cuba, la Constitución sirve para adornar discursos, no para proteger derechos. Mucho menos en casos donde el régimen necesita exhibir músculo.
La sentencia se dará a conocer el 30 de diciembre y la fiscalía pide entre ocho y dieciséis años de prisión. A nadie le sorprende. Las penas severas son la fórmula de siempre: reprimir a los eslabones más débiles mientras los verdaderos responsables —corrupción policial, redes protegidas, oficiales que hacen la vista gorda— jamás se sientan en el banquillo.
Cuando salga la sentencia, los acusados podrán apelar, pero todos los cubanos sabemos cómo funciona ese teatro. En un país donde el sistema judicial responde al poder político, hablar de “casación” es como ofrecer una sombrilla rota en medio de un huracán.







