El pueblo sin café y el régimen anuncia dos nuevas marcas de lujo para venderlas en el mercado internacional

Redacción

El cinismo del régimen cubano no conoce límites. En pleno escenario de la Feria Internacional de La Habana, FIHAV 2025, la empresa mixta cubano-suiza Nescor S.A., instalada en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, presentó dos nuevas marcas de café: Don Robusto y Raíces.

Los medios oficiales no tardaron en aplaudir el “logro industrial” y en celebrar los ocho años de la compañía, pero fuera del papel la reacción fue otra. Los cubanos, que viven a diario la escasez del grano, no pudieron evitar sentir indignación y sarcasmo.

Don Robusto se promociona como un café 100% robusta, intenso y oscuro, pensado para los que “valoran la potencia auténtica”. Por su parte, Raíces intenta rescatar la supuesta “herencia cafetera cubana” combinando robusta con notas caramelizadas y un cuerpo medio. Todo presentado en envases que van de 125 gramos hasta un kilo, claramente orientados a exportación y mercados minoristas con dólares de por medio.

El contraste con la realidad del cubano promedio fue brutal. En redes sociales, los comentarios se llenaron de quejas. Irina Diéguez Toledo resumía la frustración de muchos: “Los cubanos no tomamos ese café. Pero lo de más: ¡la gente está muriendo!” Mientras tanto, Elizabeth González Aznar apuntaba directo al corazón de la burla oficial: “Que nos restrieguen en la cara lo que no podemos tener. La falta de vergüenza ha llegado al límite”.

El café, antes un símbolo de la cultura cubana, hoy se ha convertido en un lujo. La escasez de grano nacional, los bajos niveles de producción y la prioridad del régimen de exportar o vender en divisas han dejado al cubano de a pie fuera del juego. El café que alguna vez llegaba por la libreta desapareció de las bodegas, y en el mercado informal un paquete puede costar 2,000 pesos cubanos o más, imposible de pagar con los salarios locales.

Alex Velázquez no escondía su sarcasmo: “Qué bien, ¿y el café para la población por dónde anda?” Mercedes Ramos sumaba su voz: “Siempre sacan marcas que son para los que viven fuera o tienen dólares. ¿Y nosotros?”. La situación evidencia que mientras el régimen presume modernidad, el cubano de a pie improvisa con chícharos tostados y semillas para sustituir su café.

Nescor, surgida de la alianza entre Nestlé y la Corporación Alimentaria S.A. (Coralsa), ya tenía un portafolio de snacks, condimentos y bebidas instantáneas. Ahora suma estos cafés de lujo, reflejando un discurso oficial de modernización industrial que choca con la cruda realidad de familias que apenas pueden darse el gusto de una taza decente.

Papita Sánchez lo resumió con crudeza: “Esos cafés son para exportar. ¿Y el del cubano, el del trabajador, dónde está? Da pena que el pueblo tenga que pagar miles de pesos por un simple paquete”. Juan Omar Duharte fue más allá, apuntando al corazón del problema: “Cambia el objeto social de las empresas para venderle al pueblo solo en moneda que no se le paga. Entonces, ¿de qué sistema social hablan?”.

FIHAV, además de escaparate de productos gourmet, sigue siendo el escenario perfecto para mostrar lo que el régimen quiere que veamos, mientras la crisis estructural de la economía cubana se agudiza. Miguel Díaz-Canel no perdió oportunidad de hablar de “creatividad” y “valentía” para sostener lo que queda del modelo económico, reconociendo, sin decirlo directamente, la precariedad que enfrenta la Isla.

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