Gerardo ‘El Tarrú’ Hernández se burla de la pobreza en Estados Unidos y los cubanos le recuerdan la miseria que existe en Cuba

Redacción

El exespía Gerardo Hernández, hoy convertido en vocero reciclado del régimen y jefe de los CDR, volvió a hacer el ridículo público. Incapaz de mencionar la pobreza extrema que desgarra a Cuba, subió a Facebook una foto de un indigente en Nueva York como quien lanza una cortina de humo desesperada. Su mensaje, dirigido a Marco Rubio, fue la típica frase prefabricada: mirar los problemas ajenos para no enfrentar el desastre que él mismo defiende.

Lo que Gerardo no esperaba era la reacción. Más de mil cubanos le cayeron arriba en cuestión de horas. El cinismo de usar la miseria individual de otro país mientras en Cuba la escasez ya es política de Estado, terminó explotándole en la cara. La periodista Iliana Hernández ironizó que ese indigente tiene más acceso a bienes básicos que cualquier cubano de a pie. Y la indignación siguió subiendo como espuma.

La respuesta más contundente vino del médico Alexander Figueredo, quien no se guardó nada. Le recordó que en Estados Unidos la pobreza es una historia individual, mientras que en Cuba la miseria es una estrategia oficial. Un país entero sobreviviendo al día, mientras voceros como Gerardo prefieren mirar hacia otro lado. Su crítica se volvió viral y dejó a Hernández retratado en su propia doble moral.

Otros cubanos le recordaron algo que el régimen intenta esconder: en Estados Unidos la gente puede denunciar, protestar y prosperar. En Cuba, quien levanta la voz se arriesga a perder el trabajo, la libertad o incluso la seguridad física. La comparación que intentó hacer le quedó demasiado grande, porque la realidad lo desmiente por todos lados.

La frase de Gerardo —“Los odiadores pintan a la Yuma como el paraíso terrenal”— solo confirmó lo desconectado que está de un país que él mismo ayudó a destruir. Mientras en Cuba la mayoría vive con menos de lo mínimo, él sigue defendiendo un sistema que ha convertido la miseria en norma. Y cada vez que intenta justificar lo injustificable, los cubanos le responden con más claridad y valentía.

Lo que este episodio revela es un cambio profundo. Los cubanos, dentro y fuera, ya no le aceptan cuentos a los voceros del régimen. Ya no tragan la propaganda barata que intenta maquillar un modelo agotado. Y cada vez que figuras como Gerardo intentan usar la pobreza ajena para tapar la propia, el tiro les sale por la culata. Porque la gente está cansada. Porque el país está agotado. Porque la verdad, aunque él la esquive, se impone sola.

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