Programa Mundial de Alimentos envía comida suficiente a Cuba para ayudar a casi un millón de damnificados del huracán Melissa

Redacción

El paso demoledor del huracán Melissa no solo arrasó el oriente cubano; también dejó al régimen completamente expuesto. La tormenta no fue la única que pasó por encima de la región: la incapacidad estatal quedó al desnudo, incapaz de responder al desastre que sabía que venía.

Hoy no es el gobierno quien sostiene a los damnificados, sino el Programa Mundial de Alimentos, que está enviando ayuda a más de 900,000 personas, una cifra que revela la magnitud del abandono. Según los medios oficialistas, el PMA está repartiendo módulos nutritivos y artículos básicos en Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma y Holguín, provincias donde Melissa destruyó cultivos, infraestructura y cualquier posibilidad de autosuficiencia.

El representante del organismo, Rolando Verdes Sánchez, explicó que la ayuda está diseñada para garantizar la seguridad alimentaria durante al menos seis meses, aunque en las zonas más golpeadas podría prolongarse hasta un año. Incluye arroz, granos, aceite y materiales indispensables para comenzar a levantar lo que el ciclón echó abajo. Para arrancar, se movilizan más de 2,900 toneladas de alimentos, usando todas las reservas de emergencia disponibles.

En Holguín, el apoyo se concentrará en el municipio Urbano Noris, mientras que en otros territorios se priorizará a niños pequeños, embarazadas y ancianos. Son los grupos que siempre quedan a la deriva cuando el Estado falla, y esta vez no fue la excepción.

La asistencia no se limita a comida. El PMA también está entregando almacenes móviles, carpas y torres de iluminación para que los puntos de distribución puedan operar a cualquier hora. En Urbano Noris ya instalaron una torre que permitió reactivar el despacho mayorista. En Frank País y Banes colocaron almacenes móviles sustituyendo instalaciones que quedaron prácticamente inservibles.

Según recordó el organismo, su estrategia ante el huracán tuvo dos fases: primero posicionaron recursos antes del impacto, y ahora ejecutan una fase reactiva con los suministros que ya tenían adelantados. Mientras tanto, el Gobierno cubano repite que “la recuperación avanza”, pero los hechos demuestran lo contrario.

La destrucción en el oriente fue tan severa que la ayuda internacional se convirtió en la única respuesta real. La ONU destinó 7.4 millones de dólares para atender necesidades urgentes en salud, alimentación, agua y saneamiento. En varios municipios de Granma, la organización tuvo que encargarse completamente de la emergencia, porque las autoridades ni siquiera pudieron montar un plan de socorro básico.

A esa cifra se suman otros 11 millones de dólares en fondos de emergencia que el régimen solicitará para tratar de sostener un sistema de distribución que ya estaba colapsado antes de la tormenta.

Lo ocurrido con Melissa demuestra una verdad que el régimen intenta esconder: Cuba no tiene un Estado capaz de proteger a su gente. Sin la ayuda internacional, miles de familias seguirían sin comida, sin agua y sin refugio. En vez de una estrategia nacional, el país depende de la solidaridad exterior para sobrevivir una crisis que el propio gobierno fue incapaz de enfrentar.

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