Si creías que las historias sobre Fidel Castro eran cosa del pasado, prepárate: un trabajador del Palacio de la Revolución, identificado como Ernesto Pérez, acaba de relatar una experiencia que mezcla admiración y propaganda. Según su testimonio, cada vez que Fidel le tocaba el hombro en los pasillos de la instalación, quedaba “impactado”. Sí, un simple toque de hombro que, para él, tenía algo casi mágico.
El relato, difundido por la cuenta oficial del Gobierno de Cuba en X, se presenta como una vivencia “humana y cercana”, pero no podemos olvidar que también funciona como herramienta de propaganda para mantener vivo el culto a la figura del líder fallecido. Y eso, mientras el país atraviesa una crisis severa que nada tiene de cercana ni humana para la mayoría de los cubanos.
Pérez contó que comenzó a trabajar en el Palacio de la Revolución tras años de vida laboral, y que luego fue asignado a las áreas donde estaba el propio Fidel. Desde esa cercanía, asegura que Castro era “muy humilde, muy sencillo” y podía relacionarse “con cualquier persona de cualquier categoría”, desde alguien con noveno grado hasta un profesional universitario.
Lo curioso, según él, no eran las palabras ni los discursos, sino la sensación física de la mano del Comandante. “Si tú estabas en un pasillo y te ponía la mano en el hombro… tú sabías que era la mano del comandante”, dijo, agregando que esa acción lo dejaba marcado cada vez. “A mí me lo hizo varias veces y siempre me impactó”, remató.
Mientras Pérez intenta transmitir cercanía y veneración, la realidad del país choca con ese retrato idealizado. Hoy, Cuba enfrenta el peor colapso económico, sanitario y social en décadas: escasez de alimentos y medicinas, hospitales en ruinas, apagones prolongados, salarios que no alcanzan para nada y una epidemia viral que avanza sin control.
El video del testimonio coincide con mensajes del gobernante Miguel Díaz-Canel, quien asegura que Fidel Castro sigue “comunicándose con el país” a través de su legado y “su inmortalidad”. Sin embargo, para muchos cubanos, estas palabras suenan vacías mientras sobreviven en medio de la crisis.
Analistas y voces críticas señalan que insistir en revivir simbólicamente a Castro es una estrategia para sostener un sistema incapaz de dar respuestas concretas. Mientras tanto, los cubanos lidian con hospitales sin insumos, apagones, niños enfermos sin medicinas y la frustración de vivir en un país que mira hacia atrás en lugar de enfrentar el presente.
Así, mientras el Estado difunde historias de la “mano del comandante”, millones de cubanos cargan sobre sus propios hombros la verdadera herencia de Fidel, marcada por décadas de crisis estructural y un modelo que hoy demuestra su colapso total.







