Régimen anuncia la desarticulación de gran red de «tráfico de divisas» y «envío ilegal de remesas» que operaba en Villa Clara, Sancti Spíritus y Las Tunas

Redacción

El régimen cubano volvió a anunciar con bombo y platillo la “desarticulación” de una red de tráfico de divisas que operaba en Villa Clara, Sancti Spíritus y Las Tunas. Pero detrás del cuento oficial se esconde la misma realidad de siempre: un país donde la economía real la mueven los cubanos de a pie, no la burocracia marchita del Estado, que solo aparece cuando quiere posar de gran vigilante.

En el centro de la operación estaba un vecino de Villa Clara que, sin negocio registrado ni empleo que enseñar, manejaba semanalmente entre 20 y 30 millones de pesos. Ese volumen, que para cualquier estructura estatal sería ciencia ficción, se convirtió en pieza clave de un circuito financiero que unía a cubanos en Estados Unidos y España con importadores privados dentro de la Isla.

El engranaje era simple, pero eficiente. Desde el exterior, los financistas captaban remesas y usaban ese dinero para respaldar las compras de los nuevos actores no estatales en Cuba. Los importadores, agradecidos por la rapidez del servicio, pagaban en moneda nacional y dólares a través del organizador y sus mensajeros. Con ese efectivo en mano, se completaba el ciclo entregando las remesas directamente a sus destinatarios en la Isla. Un sistema paralelo que funcionaba mejor que cualquier institución estatal, sin colas, sin trabas y sin el clásico “vuelva mañana”.

Según el Teniente Coronel Yisnel Rivero Crespo, jefe de Delitos Económicos, los operadores desde el extranjero eran los más beneficiados, no solo por administrar remesas, sino también porque se embolsaban una comisión de entre seis y ocho por ciento por cada importación procesada. Dicho de otra forma, mientras el régimen ahoga la economía nacional, los cubanos siguen inventando para sobrevivir.

La operación terminó con cinco detenidos y varias formas de gestión no estatal vinculadas a la cadena. Un golpe que el Gobierno intenta vender como una victoria, cuando en realidad solo evidencia que la economía sumergida es la única que funciona en un país exprimido por el propio Estado.

Y no fue el único caso. En Pinar del Río también se investiga un esquema donde las redes sociales servían para cuadrar compra y venta de divisas, mientras que en La Habana la casa de un desempleado en Diez de Octubre terminó convertida en un centro financiero informal que movía un volumen que el banco estatal solo puede envidiar. La Cuba real opera por la izquierda, porque por la derecha no queda nada que funcione.

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