El régimen cubano volvió a mover fichas este lunes y confirmó lo que ya todo el mundo sabía: el peso cubano está muerto y la única manera de que algo funcione en la isla es usando dólares. En plena agonía económica, La Habana anunció que las empresas extranjeras podrán operar directamente en divisas dentro del país, un paso más hacia la dolarización disfrazada que viene imponiéndose desde hace años.
El anuncio lo hizo Oscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro y jefe del MINCEX, durante la apertura del VIII Foro de Inversiones de FIHAV 2025. Allí, entre discursos oficiales y la inevitable propaganda, el funcionario presentó la medida como parte de un supuesto “paquete de transformaciones”, aunque en realidad es una señal clarísima de que el modelo económico del régimen está tan roto que ya no intenta ni disimularlo.
Según explicó Pérez-Oliva, el nuevo esquema permitirá que la inversión extranjera opere tanto en CUP como en divisas. Pero la lectura real es otra: solo el dinero duro mueve la rueda en Cuba, y el gobierno necesita desesperadamente atraer capital que no llega porque nadie confía en un sistema sin reglas, sin transparencia y sin garantías.
El plan abre la puerta para que las empresas manejen sus ingresos en divisas de forma autónoma, ya sea exportando o vendiendo dentro de un mercado interno dolarizado. En otras palabras, mientras el cubano de a pie sigue cobrando en una moneda que no alcanza ni para el desayuno, los negocios foráneos podrán manejar dólares como si fueran caramelos.
Para rematar, el funcionario anunció que las compañías podrán abrir cuentas bancarias en el extranjero, una de esas medidas que el régimen antes demonizaba y ahora presenta como herramienta “para enfrentar el embargo”. La realidad es más simple: Cuba no tiene liquidez, no tiene credibilidad bancaria y necesita un salvavidas financiero urgente.
El gobierno también adelantó que impondrá tarifas en divisas para ciertos bienes y servicios, tratando de justificarlo como una manera de “acercarse al mercado”. Pero lo que está realmente más cerca es el colapso total del CUP, que lleva años perdiendo valor mientras la inflación pulveriza salarios y ahorros.
MINCEX promete ahora un nuevo decreto para reemplazar el 325, simplificar trámites y acelerar aprobaciones. El discurso oficial habla de “transparencia” y “agilidad”, pero sin tocar el verdadero cáncer: la inseguridad jurídica y la falta de garantías para repatriar capital, el principal motivo por el que ningún inversionista serio quiere tocar Cuba ni con un palo.
Economistas independientes coinciden en que esto no es más que una dolarización selectiva, diseñada para que unos pocos actores tengan acceso a divisas mientras el resto del país sobrevive con un papel moneda sin respaldo ni valor. Es el reconocimiento implícito de que la unificación monetaria del 2021 fue un desastre monumental que dejó al país hundido en inflación, escasez y pérdidas masivas de poder adquisitivo.
El régimen intenta vender este giro como una “actualización del modelo socialista”, pero la realidad es que es una maniobra desesperada para agarrar dólares en un país donde la economía está en terapia intensiva y sin señales de recuperación.
Cuba no se abre al mercado; Cuba se rinde ante él, pero solo para privilegiar a los mismos de siempre, dejando al pueblo atrapado entre salarios de miseria y precios en divisas. Una nueva vuelta de tuerca en el eterno ciclo de improvisaciones del castrismo, que ya ni siquiera puede sostener su propia ficción económica.







