La historia de una madre de Cacocum, Holguín, que con el corazón en la mano pidió comida para sus hijos tras el paso del huracán Melissa, acaba de tener un giro profundamente humano: recibió una casa completamente nueva, levantada peso a peso por cubanos dentro y fuera de la isla, coordinados por el activista Noly Blak.
La vivienda, valorada en seis mil dólares, forma parte de la reconstrucción número 22 del proyecto solidario “Casas para Cuba”, una iniciativa que ha demostrado lo que el régimen intenta esconder: cuando el Estado falla, es el pueblo quien salva al pueblo.
Al entregar las llaves, Noly Blak dejó claro que este logro no le pertenece a él, sino a miles de personas que movieron cielo y tierra para ayudar. “Esto lo hicimos juntos”, dijo emocionado en un video que ya corre como pólvora por las redes.
La historia de esta joven madre se hizo viral semanas atrás, cuando Blak mostró su situación. Había perdido todo tras el huracán y, rodeada de sus cuatro hijos pequeños, lanzó un pedido desesperado: “Yo no quiero nada, yo lo único que quiero es comida para los niños”. Ese momento sacudió a Cuba entera, porque reflejó la crudeza de la crisis humanitaria que viven las zonas rurales sin la más mínima respuesta estatal.
En aquel entonces, la mujer contó que no había recibido apoyo de ninguna institución. Sobrevivía gracias a la bondad de sus vecinos, mientras las autoridades brillaban por su ausencia. Pero la solidaridad ciudadana hizo lo que el gobierno nunca hizo: actuar.
Tras una campaña masiva, Noly anunció que habían recaudado más de tres millones de pesos cubanos. Y este jueves confirmó que la casa estaba terminada. Las imágenes del momento en que la familia cruza la puerta de su nuevo hogar, entre aplausos y lágrimas, han conmovido a miles.
La vivienda se construyó por seis mil dólares, y el dinero sobrante —una caja llena de billetes— fue entregado directamente a la beneficiaria. Además, la madre ha recibido más de 250 mil pesos en donaciones enviadas por personas que no la conocen, pero que sintieron el deber moral de ayudar.
“Nunca pensé que tanta gente se preocupara por mí. Mis hijos tienen techo otra vez”, dijo entre lágrimas. Su testimonio resume algo que el régimen nunca podrá maquillar: la solidaridad del pueblo cubano está muy por encima de la ineficiencia del Estado.
Este caso se ha convertido en un símbolo. No solo de la crisis, sino también de la capacidad del pueblo para organizarse sin esperar migajas oficiales. “Esto no fue el gobierno, fue el pueblo ayudando al pueblo”, recordó Noly Blak. Una verdad que resuena con fuerza en un país donde quienes gobiernan solo aparecen para la foto, nunca para la solución.
El proyecto de Noly ha logrado construir o reparar más de veinte viviendas en comunidades rurales de Holguín, todas financiadas con donaciones voluntarias. Cero burocracia, cero propaganda, cero excusas. Solo cubanos dando la cara por otros cubanos mientras el Estado mira desde lejos.







