Juan Pablo Roque, el cubano que se coló en Hermanos al Rescate para pasar información al régimen, falleció el pasado 25 de noviembre de 2025 a los 61 años, según reveló su exesposa, Ana Margarita Martínez, en exclusiva para el periodista Mario Vallejo.
Martínez contó que se enteró de la muerte de Roque gracias a Luis Domínguez, un amigo con contactos en la milicia cubana, y detalló que el exteniente coronel había sido operado a corazón abierto poco antes y se encontraba en un estado delicado de salud cuando contrajo un virus que circulaba en Cuba. Domínguez corroboró la información y también se comunicó con la hija de Roque.
Cuando Vallejo le preguntó si era justo que alguien muriera sin que existiera justicia, Martínez no dudó en expresar su indignación. “No se ha hecho justicia con relación a la muerte de los Hermanos al Rescate, con relación a las atrocidades que se han hecho en Cuba, de las muertes por parte de Fidel y Raúl Castro, y ese gobierno criminal. Uno más, uno más”, sentenció.
Roque, a principios de los años 90, era mayor de la Fuerza Aérea Cubana. Desertó nadando hasta la Base Naval de Guantánamo, proclamándose en contra del régimen de Fidel Castro. En Miami, logró infiltrarse en la organización Hermanos al Rescate, que ayudaba a balseros, y desde allí comenzó a pasar información a la inteligencia cubana.
El 23 de febrero de 1996, justo un día antes del derribo de los dos aviones, desapareció de Miami y reapareció en La Habana para condenar públicamente al grupo que lo había acogido. Aunque la administración estadounidense lo desestimó como agente cubano, Roque negó trabajar para La Habana y alegó que había regresado al país desilusionado con los Hermanos, acusándolos de planear ataques a bases militares y sabotear las comunicaciones del régimen.
En la televisión cubana, al día siguiente, apareció denunciando a los Hermanos al Rescate como una organización “ilegal y anticubana”, incluso asegurando ante la OACI que planeaban introducir armas y volar torres de alta tensión. Todo un guion al servicio de la propaganda castrista. Durante su estancia en Miami, Roque mantuvo contactos con el FBI y recibió pagos de la agencia, dejando más dudas sobre la complicidad y vigilancia de entidades como el FBI y la CIA en esas décadas de espionaje y traiciones.
Ana Margarita Martínez se casó con Roque en 1994, y fue en 1996, tras ver un reportaje de CNN, que descubrió su doble vida. Lo demandó por su implicación en la tragedia y logró que un tribunal de Miami fallara a su favor en 2001. Desde entonces, su lucha ha sido titánica: intentar cobrar una indemnización que involucra bancos con activos cubanos, amparada por la inclusión de Cuba en la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo desde 1982.
Martínez también demandó a JPMorgan Chase, alegando que el banco negó la existencia de fondos cubanos necesarios para cumplir la sentencia que le otorgaba 7 millones de dólares por “angustia emocional” derivados del abandono y los crímenes asociados a la muerte de los voluntarios de Hermanos al Rescate. En 2007, JPMorgan respondió que no poseía grandes activos de Cuba, aunque cuatro años después acordó con autoridades federales pagar 88 millones por el manejo irregular de transferencias vinculadas a Cuba entre 2005 y 2006.
Ahora, Martínez reclama 57 millones de dólares a JPMorgan por daños y perjuicios, señalando que la negativa del banco a facilitar los fondos constituye un incumplimiento flagrante de la sentencia que le fue otorgada.
La muerte de Juan Pablo Roque deja un saldo claro: un hombre vinculado a crímenes del régimen muere sin pagar, mientras las víctimas y sus familias siguen esperando justicia, recordando que en Cuba, los criminales de Estado envejecen y mueren cómodamente, mientras el pueblo carga con las consecuencias de su impunidad.







