«Aquí nos han dejado a la deriva». Esa frase, dicha con el cansancio de quien ya no tiene más lágrimas ni paciencia, resume a la perfección lo que están viviendo los pobladores de Damajayabo, en Santiago de Cuba. Un pueblo que, según sus propios vecinos, está completamente abandonado: sin alimentos, sin medicinas, sin atención médica y con los servicios básicos colapsados. Y sí, aunque parezca increíble, hay lugares en Cuba donde el “resolver” ya ni siquiera es opción.
Los vecinos, desesperados pero todavía con la dignidad en alto, decidieron contarle todo al cura católico Leandro NaunHung. Le pusieron sobre la mesa la realidad cruda: instituciones que no responden, estructuras locales que ya ni funcionan y un nivel de abandono que deja claro que nadie está mirando hacia Damajayabo. Uno de ellos lo resumió sin pelos en la lengua: “Los CDR ya no funcionan, el PCC se ha apartado de la realidad”. Y cuando un cubano llega a ese punto de sinceridad… es porque la situación está más que crítica.
Otro vecino fue más allá y soltó una verdad que duele: en Cuba no es solo la crisis económica, es la crisis del discurso. “Ha fallado el trabajo ideológico”, dijo indignado. Y explicó que la gente aguanta mientras ve a los jefes dando la cara, al menos explicando. Pero ahora, asegura, los han dejado “a la deriva”, tan mal que tuvieron que trancar la calle para que alguien los escuche. Y aclaran, por si acaso: no quieren violencia ni huelga, solo que alguien los vea, los atienda, los recuerde.
La comunidad, para colmo, está lidiando con casos de oropouche, una enfermedad que requiere atención médica inmediata. Pero no hay medicamentos. No hay doctores. No hay nada. Y si hablamos de comida, la historia se pone todavía más fea: ni arroz, ni espaguetis, ni productos básicos. Cuando llega algo —si llega— lo que impera es la ley del más rápido. “El que lo coge, lo coge; y el que no, se queda sin nada. ¿Esa es la igualdad?”, reclama un vecino con rabia contenida.
El padre NaunHung, que ha visto la desesperación crecer semana tras semana, lo confirma: la gente no quiere consignas ni reuniones de análisis. Quiere soluciones. Reales. Tangibles. Alimentar a sus hijos, curar a los enfermos, dormir tranquilos sin pensar qué inventar al día siguiente.
Damajayabo es hoy un espejo doloroso del deterioro político y social de Cuba. Un PCC desconectado del día a día, familias luchando por sobrevivir y una comunidad que siente que el país entero la empujó al olvido. Y por si fuera poco, hace tres semanas el huracán Melissa remató lo que quedaba en pie. Casas destruidas, caminos inservibles, cosechas perdidas y cero respuesta oficial.
Si en Cuba siempre se vive “al límite”, Damajayabo ya pasó ese límite hace rato. Hoy solo piden algo básico: que no los sigan dejando a la deriva.










