Régimen cubano confirma que ya «están listas» todas las medidas que anunciarán para «cortar los subsidios innecesarios» que ofrecen al pueblo

Redacción

El ministro de Economía, Joaquín Alonso Vázquez, volvió a pararse en la Mesa Redonda con el mismo cuento de siempre, pero esta vez con un matiz más revelador: las medidas para cortar subsidios ya están listas. El régimen solo está esperando “el momento adecuado” para tirarle el golpe a la gente. Traducido del oficialismo al cubano: aguantan un poco más porque saben que el país está a punto de explotar.

Hace años que el castrismo anda coqueteando con eliminar la libreta de racionamiento. Raúl Castro lo anunció más de una vez, siempre con ese discurso de “subsidios innecesarios” y la fantasía de apoyar solo a los vulnerables, como si en Cuba hubiera alguien que no lo fuera. La realidad es que eliminar la libreta hoy sería como quitarle el salvavidas a un náufrago.

La población cubana depende de esos subsidios porque el salario no alcanza ni para empezar el mes. Quitar la libreta, subir tarifas eléctricas o encarecer el transporte sería un mazazo directo al bolsillo. El costo de la vida se dispararía todavía más, y el mercado informal —que ya es un salvaje oeste— terminaría siendo la única tabla de salvación para millones de personas.

El régimen lo sabe. Sabe que esa movida desataría más miseria, más hambre, más bronca y, por supuesto, más protestas. Por eso Alonso Vázquez anunció que “por ahora” no van a aplicar la reducción ni la eliminación de subsidios. No porque les preocupe el pueblo, sino porque no quieren otra ola de indignación en las calles, justo ahora que el país vive con los nervios pelados.

El ministro aseguró que la decisión se basa en el “delicado contexto internacional” y las tensiones dentro de la economía. Pero la verdad es más simple: no tienen liquidez, no tienen credibilidad y no tienen cómo sostener la crisis que ellos mismos provocaron.

Mientras tanto, el gobierno piensa ajustar cuentas por otra vía: aumentar la recaudación de impuestos. La ONAT anda actualizando sus procedimientos, afilando los colmillos para caerle arriba a cuentapropistas, mipymes y cualquiera que genere un peso fuera de las manos del Estado. Hablan de “disciplina tributaria”, pero todos sabemos que se trata de raspar lo poco que produce el sector no estatal para tapar huecos.

En medio de ese panorama, Alonso Vázquez insistió en la necesidad de “redimensionar” las empresas estatales. Un eufemismo elegante para reconocer que el aparato estatal es un mastodonte ineficiente que traga recursos y devuelve pobreza. Aun así, siguen apostando a ese modelo fracasado, soñando con una colaboración que nunca termina de cuajar entre el sector público y los actores privados.

El resultado es el mismo de siempre: un país en crisis, un gobierno improvisando y un pueblo pagando los platos rotos. La postergación de los recortes no es un gesto de sensibilidad; es puro miedo a encender una chispa más en un país lleno de gasolina social. Y lo saben mejor que nadie.

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