El régimen cubano volvió a soltar este jueves otro de sus discursos llenos de promesas futuristas: aseguran que Cuba alcanzará una supuesta “independencia eléctrica” en 2035, aunque el país esté hoy sumido en una crisis energética que parece no tener fondo. El anuncio lo lanzaron en plena Feria Internacional de La Habana, FIHAV 2025, como parte de la llamada Estrategia Nacional de Transición Energética, un plan grandilocuente que pretende reducir la dependencia de combustibles fósiles en tres etapas.
En el primer tramo, dicen que aspiran a que un 24% de la energía cubana provenga de fuentes renovables. Suena bonito en el papel, pero en la práctica el país está colapsando entre apagones interminables. La segunda etapa —la joya del discurso oficial— plantea que en solo cinco años se elevará del 24% al 40% la generación renovable hasta lograr esa soñada “independencia eléctrica”. Para lograrlo aseguran que van a instalar unos dos mil megawatts de energía solar fotovoltaica y quinientos megawatts más entre bioeléctricas y parques eólicos. El resto de la generación, un 60%, quedaría supuestamente garantizado con combustible nacional y gas de los pozos petroleros, algo que implicaría “recuperar” las plantas térmicas y aumentar la producción de crudo.
Finalmente, anuncian que para 2050 Cuba será un país con 100% de energía renovable, una meta tan lejana como improbable dada la situación actual.
El problema es que todo ese entusiasmo burocrático no tiene nada que ver con la vida real del cubano, que sigue apagando velas para cocinar y durmiendo entre mosquitos y calor porque no hay corriente ni para un ventilador. En provincias como Granma, Holguín o Santiago de Cuba, los apagones superan las 18 o 20 horas diarias. Se afecta el descanso, se pierde la comida, se enferma la gente… y mientras tanto el Gobierno habla de “innovación energética”.
La realidad es que las termoeléctricas siguen rotas, el combustible no aparece y la energía solar instalada apenas cubre una fracción miserable del consumo nacional. Prometer es gratis, pero encender un bombillo en Cuba no lo es.
El régimen lleva años repitiendo el mismo cuento: que si la modernización, que si la transición, que si la inversión extranjera. Pero el pueblo sigue igual: a oscuras, cocinando con leña, improvisando para sobrevivir y escuchando las mismas promesas de siempre.
En resumen: ellos hablan de 2035 y 2050 como si fueran fechas mágicas, pero el cubano necesita luz hoy, no dentro de una década. Y mientras el Gobierno sueña con paneles solares y turbinas eólicas, la isla entera sigue hundida en el apagón más largo de su historia.







