Teresa, la anciana que el gobierno solo recuerda cuando se hace viral

Redacción

La historia de Teresa Ramis Lora, una mujer de 70 años que vive en el Distrito José Martí, Micro 9, Santiago de Cuba, es un espejo doloroso del abandono que sufren miles de cubanos. Teresa vive sola, enferma y sin apoyo; su día a día es una batalla silenciosa que, hasta hace poco, nadie parecía notar. Y cuando digo nadie, me refiero a las autoridades que deberían estar pendientes de los más vulnerables.

Desde su apartamento —el FOCSA 8, al lado del Círculo Infantil Abejita— Teresa luchaba por sobrevivir en silencio. La diferencia la hizo la denuncia del periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada en Facebook, que puso en evidencia lo que el Estado no quiso resolver: una anciana abandonada, sin cuidados y con una vida en riesgo.

Teresa tiene dos hijos, pero la suerte no ha sido amable con ellos: uno deambula por las calles con graves problemas psiquiátricos y el otro ha pasado gran parte de su vida tras las rejas. La familia que intenta ayudarla hace lo que puede: la baña, la alimenta, la acompaña, pero simplemente no alcanza. No hay suficientes manos, ni recursos, ni voluntad.

Cuando la situación se volvió crítica, la familia pidió una ambulancia y atención médica urgente. ¿Qué pasó? Nada. Ni médicos, ni enfermeras, ni trabajadores sociales aparecieron. Teresa siguió sola, sin medicamentos, con la salud deteriorándose día tras día.

Pero entonces llegó el “milagro digital”: cuando la denuncia de Mayeta empezó a circular en redes sociales, la maquinaria estatal se activó de repente. Médicos y enfermeras llegaron al domicilio de Teresa, y aunque la ambulancia sigue pendiente, la acción se produjo solo después de que el caso se hiciera público. La pregunta que queda flotando en el aire es evidente: ¿por qué solo reaccionan cuando hay ruido en redes y no cuando una vida está en juego?

El caso de Teresa no es aislado. Santiago de Cuba está lleno de historias similares: personas mayores, enfermas y vulnerables olvidadas por un sistema que presume de sensibilidad social pero que en la práctica desaparece cuando más se le necesita. Teresa, que a veces sale en silla de ruedas para buscar comida o compañía, regresa a veces con nada y con menos fuerzas.

Lo que Teresa necesita no es caridad ni un gesto mediático; necesita humanidad real. Necesita que el Estado cumpla su trabajo sin esperar la presión de las redes sociales. Su tiempo corre, su salud se deteriora, y cada día que pasa sin atención es un recordatorio doloroso de lo que se pierde en silencio.

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