Víctor Mesa reaparece por el Estadio Latinoamericano en pleno juego de Industriales y la Televisión Cubana se desvive en halagos por él

Redacción

La televisión cubana volvió a sacar a relucir su estilo de siempre: mucho bombo, mucho cuento y cero conexión con la realidad del pueblo. Esta vez el protagonista fue Víctor Mesa, quien reapareció públicamente en Cuba durante la transmisión de un juego de béisbol en el Estadio Latinoamericano, donde los narradores lo recibieron con una avalancha de elogios casi teatral.

Las páginas Dporto Sports MEDIA y Ernesto Arturo Santana Deportes informaron en Facebook que el exjugador y exmánager fue captado por las cámaras sentado cómodamente en las gradas, sonriente, charlando con un alto directivo del béisbol nacional. El detalle no pasó inadvertido, sobre todo cuando la transmisión comenzó a convertirlo en algo parecido a un héroe.

Los moderadores se deshicieron en alabanzas. Recordaron estadísticas, viejas anécdotas y hasta celebraron su nueva apariencia. Víctor apareció con barba blanca, gafas oscuras y un sombrero ancho, un estilo que Rodolfo García, en su entusiasmo usual, describió como “moderno”. A partir de ahí la cosa se volvió un festival de halagos: que si fue un “center fielder increíble”, que si hubiera brillado “en cualquier béisbol del mundo”, que si aún merece el calificativo de ganador pese a no haber levantado ningún título como mánager.

Incluso hicieron referencia a sus hijos en Grandes Ligas, remarcando que “los conocemos bien”. Todo un espectáculo montado para dejar la impresión de que Víctor sigue siendo una figura intocable para el sistema.

Pero mientras en la televisión elogiaban su “nuevo look”, en las redes el ambiente era otro. La gente no olvidó el carácter autoritario que muchos le achacan desde sus días como mánager. Una señora lo tildó de “déspota” y “abusador de poder”. Otros, desde Miami o España, fueron más allá, llamándolo “doble cara”, “chivato” y “comunista de los seguros”.

Si bien casi nadie discute su talento deportivo, pocos lo describieron como una persona humilde o querida fuera del terreno. Para muchos, su presencia sonriente en un palco de lujo resume perfectamente la cercanía que mantiene con el sistema cubano. Y varios lo dijeron sin rodeos: “Sale en la TV de allá porque aquí en Miami dijo que él sí era comunista”. Otro añadió: “Sigue siendo parte del aparato”.

Lo que más molestó a los aficionados fue ver cómo Víctor Mesa reaparece sin problemas en la televisión oficial, rodeado de luces y aplausos, mientras numerosos deportistas que decidieron irse del país —muchos sin escándalos ni polémicas— siguen vetados, invisibilizados o marcados como traidores.

Una vez más, la doble moral del régimen queda al desnudo: hay quienes pueden regresar a cámara, caminar por los estadios, recibir reconocimientos y posar con sombreros “modernos”, y hay otros que ni siquiera pueden entrar a ver a su familia sin terminar en una lista negra.

En Cuba, ya se sabe, el trato del sistema no depende del talento, sino de la lealtad. Y la reaparición de Víctor Mesa es prueba viva de ese juego sucio.

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