Entre enero y octubre de 2025, casi 35.000 cubanos solicitaron refugio en Brasil, una cifra que deja en claro que la migración desde la isla está en pleno auge. Para ponerlo en perspectiva, en todo 2024 apenas se registraron un poco más de dos mil solicitudes.
El incremento se ha visto impulsado por las políticas migratorias más estrictas de Estados Unidos, que cerraron parcialmente la vía tradicional hacia ese país. Muchos cubanos, entonces, han decidido buscar alternativas más seguras y accesibles, y Brasil se ha convertido en la principal opción.
Según datos del Observatorio de las Migraciones (Obmigra) y el análisis del consultor Alexei Padilla Herrera, octubre superó a septiembre con 4.178 solicitudes, apenas 94 más que el mes anterior, marcando la tendencia ascendente que se mantiene desde principios de año. Enero destacó con 28.250 solicitudes, un pico ligado a la decisión de quedarse en Brasil ante la llegada de Donald Trump a la presidencia estadounidense. A partir de febrero, las cifras mensuales ya superaban el total del año anterior, estabilizándose luego entre 3.100 y 3.500 solicitudes, con picos que superaron las 4.000 entre septiembre y octubre.
Los puntos de entrada clave son Bonfim, en Roraima, y Oiapoque, en Amapá, aunque no todos los migrantes se quedan en Brasil. Algunos continúan su viaje hacia Uruguay y otros destinos, pero muchos optan por permanecer gracias a los permisos de trabajo temporal que permiten iniciar una nueva vida mientras se tramita su refugio.
Curitiba, en el sur del país, se ha convertido en un verdadero imán. La ciudad ofrece seguridad, infraestructura organizada y servicios públicos eficientes, lo que la hace especialmente atractiva para quienes buscan emprender o simplemente un entorno estable. El clima más suave y la relativa tranquilidad en comparación con otras regiones de Brasil también suman puntos para los recién llegados.
Este flujo masivo de cubanos hacia Brasil no es solo un fenómeno migratorio: es un reflejo de la crisis profunda que atraviesa Cuba, marcada por la falta de libertades, la escasez de productos básicos y la presión económica que obliga a miles a buscar un futuro fuera de la isla. Brasil, por ahora, se presenta como la tabla de salvación para muchos que sueñan con rehacer su vida lejos del colapso que viven en su país.







