Epidemia sin control en Cuba: Más de 100 ingresados en terapia intensiva y casi 44 mil cubanos «bajo vigilancia»

Redacción

La crisis epidemiológica en Cuba sigue desbordándose mientras el régimen intenta vender la idea de que la situación “mejora”. Pero la realidad es otra. El país cerró la última jornada con 107 personas internadas en cuidados intensivos por arbovirosis, una señal clara de que la epidemia está fuera de control y que el sistema de salud, destartalado desde hace años, no da más.

La propia viceministra de Salud Pública, Carilda Peña García, tuvo que reconocer en la televisión estatal que los casos graves siguen aumentando, sobre todo por chikungunya, un virus que avanza sin freno mientras las autoridades repiten el mismo libreto de promesas, fumigaciones a medias y estadísticas maquilladas.

En terapia intensiva permanecen 79 enfermos graves y 28 críticos, y lo más alarmante es que la mayoría de los casos críticos son menores de 18 años. Hay neonatos y recién nacidos luchando por sobrevivir en hospitales que no tienen ni condiciones, ni medicamentos, ni personal suficiente para enfrentar semejante crisis.

Solo en el último día se atendieron 6,793 personas con fiebre, y casi nueve de cada diez terminaron en algún tipo de ingreso. Mientras tanto, 43,911 pacientes están bajo vigilancia. El test rápido para dengue sigue subiendo su positividad, llegando al 24,6%, una cifra que evidencia un crecimiento acelerado de la circulación viral.

Aunque el Ministerio de Salud trata de pintar un panorama “mixto”, la realidad es que varios municipios están entrando en una fase de incremento acelerado de sospechosos y enfermos. Y los focos del mosquito siguen disparados: 416 detectados en una sola jornada, prueba de que el Aedes aegypti está haciendo fiesta en un país donde ni la recogida de basura funciona.

El chikungunya también empeora. Se reportaron 826 nuevos casos y ya ascienden a 37,194 personas afectadas desde que comenzó la epidemia. Muy pocos han sido confirmados por PCR, lo que deja claro que la capacidad diagnóstica del país es mínima.

La viceministra trató de justificarlo recordando que las cifras oficiales solo contemplan a quienes llegan a consultorios y hospitales. En otras palabras, hay miles más enfermos que no aparecen en ningún parte porque no hay transporte, no hay médicos o no hay confianza en un sistema que dejó de responder hace mucho tiempo.

Mientras tratan de inflar logros con frases como “cumplimos el 96% del plan de fumigación”, reconocen al mismo tiempo que hay territorios sin equipos y sin recursos. También anunciaron ensayos clínicos en Matanzas y una ampliación de la vacunación antigripal, medidas que llegan tarde y sin la fuerza necesaria para frenar una epidemia que se expande más rápido que la capacidad del régimen para inventar excusas.

Al final, hasta la propia viceministra tuvo que admitir lo evidente: Cuba no tiene la situación epidemiológica bajo control. La epidemia se comporta de forma “heterogénea y volátil”, eufemismos que intentan esconder que el país vive un colapso sanitario mientras el gobierno sigue actuando como si todo fuera cuestión de “disciplina”, “conciencia” y partes optimistas.

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