Marrero les pinta la mona a los empresarios que participan de la Feria Internacional de La Habana y les dice que es un «momento favorable» para invertir

Redacción

El primer ministro del régimen cubano, Manuel Marrero Cruz, volvió a ponerse el sombrero de vendedor de humo durante la clausura de la Feria Internacional de La Habana (FIHAV), asegurando a los empresarios que Cuba vive un “momento favorable” para la inversión extranjera.

“Esta edición de FIHAV llega en un momento particularmente favorable. Me refiero a las decisiones que tomó el gobierno esta semana”, dijo Marrero Cruz, refiriéndose a cambios que, según él, abrirían oportunidades reales para quienes quieran meter capital en la isla. Entre su lista de promesas, destacó la agilización de evaluaciones y aprobaciones de negocios, así como un marco más flexible para alianzas con entidades nacionales.

El funcionario no perdió la ocasión para repetir que “hoy podemos afirmar que Cuba ofrece un escenario renovado para quienes apuestan por trabajar aquí” y anticipó que no serán las únicas medidas antes de que termine el año, insistiendo en que el país avanza hacia un “perfeccionamiento” de su modelo económico con participación de actores nacionales y extranjeros.

Pero detrás de los discursos, la jugada del régimen es clara: atraer divisas frescas en medio de una crisis estructural que asfixia al peso cubano. La semana pasada, el gobierno anunció que las empresas extranjeras podrán operar directamente en divisas, un paso hacia una dolarización parcial de la economía. La medida fue presentada por el viceprimer ministro y titular de Comercio Exterior, Oscar Pérez-Oliva Fraga, durante el VIII Foro de Inversiones de FIHAV 2025.

Según Pérez-Oliva, las compañías podrán manejar ingresos en moneda nacional y en divisas de forma autónoma, abrir cuentas bancarias en el extranjero y aprovechar segmentos del mercado local que generen moneda dura. En teoría, esto debería hacer más atractiva la inversión foránea y “flexibilizar” las operaciones dentro de la isla.

En la práctica, es un intento desesperado de captar dólares en medio de una economía sin liquidez y sin confianza inversionista. El gobierno lo vende como una “actualización del modelo socialista”, pero la realidad muestra que Cuba no tiene otra salida: sin divisas, la economía se derrumba.

Mientras Marrero Cruz y Pérez-Oliva repiten palabras como “oportunidades” y “escenario renovado”, la mayoría de los cubanos sigue lidiando con un peso que se devalúa y una inflación que devora los ingresos, mientras el régimen pone sus esperanzas en atraer capital extranjero para tapar un agujero que solo crece.

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