En medio del secretismo oficial, llegó a su fin segundo juicio en contra de Alejando Gil en La Habana

Redacción

El segundo juicio contra el exministro de Economía Alejandro Gil Fernández llegó a su fin este sábado, tras cuatro días de un proceso envuelto en el secretismo habitual del régimen. La información llegó por vías independientes, específicamente a través del periodista Mario J. Pentón, porque —como ya es costumbre— el Estado decidió esconderle el caso al pueblo.

La acusación contra Gil incluyó malversación, evasión fiscal, tráfico de influencias y lavado de activos. Delitos graves, sin duda, pero que despiertan la misma pregunta que repiten muchos cubanos: ¿por qué solo él? ¿Por qué ahora? ¿Y por qué tanta sombra alrededor de un juicio que debería ser público?

Los hijos del exministro lograron entrar a la sala solo después de firmar un documento de silencio absoluto. Una prueba más de que todo lo que se mueve alrededor de este proceso está diseñado para no trascender.

Su hermana, María Victoria Gil, habló con Pentón desde España y soltó una bomba que resume la percepción de medio país. Según ella, su hermano reconoció parte de los delitos económicos, pero también dejó claro que forma parte de una operación política para buscar un culpable a la crisis nacional.

“Alejandro es el chivo expiatorio”, afirmó la hermana, convencida de que los verdaderos responsables desaparecieron del mapa justo antes de que empezara el juicio.

El proceso se manejó con las puertas cerradas, vigilancia reforzada y un silencio total por parte de todos los medios oficiales. Nada en el Noticiero, nada en Granma, nada en Cubadebate. Un contraste brutal con el primer juicio, aquel por “espionaje”, en el que la Fiscalía pidió cadena perpetua y en el que el régimen sí tuvo interés propagandístico en hacer ruido.

Esta vez, no. Esta vez la palabra clave fue “secretismo”, como confirmó María Victoria. Cuatro días de juicio sepultados bajo una orden de silencio que ella no está dispuesta a acatar.

“Es una falta de respeto al pueblo”, denunció, recordando que en países normales los procesos judiciales, incluso de altos funcionarios, se transmiten con transparencia.

Pero lo más escandaloso que reveló no fue el secretismo, sino el protagonista inesperado que apareció en la sala: Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, acudió como testigo de la acusación. Sí, el mismo que pocas horas después de la destitución de Gil lo felicitaba públicamente por su “excelente trabajo”. El mismo que días después lo animaba a seguir trabajando “por la revolución”.

La hermana del exministro lo dijo sin rodeos: “Eran uno. Y ahora lo traiciona para salvar su imagen dañada”. Una puñalada política con nombre y apellido.

A la familia tampoco la han dejado en paz. Según contó, sus sobrinos y la esposa de Gil pudieron entrar solo después de firmar documentos de confidencialidad, y les han insistido en que no den declaraciones. Aun así, María Victoria decidió romper el muro de silencio y hablar.

El pueblo tiene derecho a saber qué pasó con uno de los ministros más importantes del país”, afirmó. Y agregó que ningún funcionario del régimen puede salir “limpio” de un sistema que calificó de estructuralmente corrupto, una frase que resume décadas de manipulación y desfalcos desde la cúpula del poder.

Para ella, lo que está ocurriendo con Gil es una operación política fría y calculada. Un sacrificio controlado. Un “ajuste de imagen” para que parezca que el Gobierno combate la corrupción, cuando en realidad se limita a cortar una rama mientras el tronco entero está podrido.

Es imposible que tanta corrupción ocurriera y solo caiga él”, dijo. Y adelantó que llevará el caso hasta donde haga falta, incluso a instancias internacionales, con un objetivo claro: que, si se prueban delitos, caigan también los otros que participaron o miraron para otro lado.

La hermana también reveló otro detalle que desnuda al sistema. Durante los años de poder, la casa de Gil era un desfile de figuras públicas que buscaban favores, contactos y privilegios. Hoy, todos desaparecieron. Nadie pregunta. Nadie visita. Nadie se asoma.

“Los que antes lo honraban, hoy no están”, lamentó.

Mientras tanto, el juicio sigue sepultado en la oscuridad institucional. Lo poco que se sabe llega por la prensa independiente y por la voz clara y firme de María Victoria, decidida a desenmascarar lo que considera una operación para proteger a la cúpula, con Díaz-Canel a la cabeza, a costa de quien fue uno de sus hombres de confianza.

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