Olvidados por el Estado: la agonía silenciosa de dos ancianos en Sancti Spíritus

Redacción

Desde La Sierrita, en Sancti Spíritus, llega un grito que corta el alma. Un llamado desesperado por dos ancianos, Juan y Amelia, que están sobreviviendo como pueden en una situación que ningún ser humano debería enfrentar. La historia, denunciada por el grupo solidario “Aquí con el HÉROE en Sancti Spíritus – Hermanos de la Calle”, muestra con crudeza lo que significa en Cuba envejecer sin familia, sin ayuda y, peor aún, sin Estado.

Los dos abuelos están enfermos, debilitados por el virus que está circulando por toda la isla y que los tiene sin fuerzas hasta para incorporarse. No pueden cocinar, no pueden moverse, no tienen acceso estable a comida ni a líquidos básicos. Lo poco que han comido ha sido gracias a la buena voluntad de vecinos y voluntarios, pero ahora mismo ni siquiera cuentan con caldos o sopas para aliviar la debilidad que los consume. Viven al borde del colapso físico… y al borde del colapso de su propia casa, que amenaza con desplomarse sobre ellos en cualquier momento.

Las imágenes enviadas por los voluntarios son un golpe al pecho. Camas improvisadas, paredes a punto de caerse, ropa desgastada, oscuridad, humedad, abandono total. Un retrato doloroso de esa Cuba que el régimen jamás enseña. Un miembro del grupo solidario lo resumió con una frase que duele: “Duele ver a nuestros viejitos así… nadie se pronuncia, nadie ayuda. La casa se les viene encima y no tienen ni qué comer”.

Frente a esta realidad, los voluntarios están pidiendo ayuda con urgencia. Lo hacen porque saben que nadie más lo hará. Ni el Gobierno municipal, ni la provincia, ni los organismos de asistencia social que, sobre el papel, deberían proteger a personas en esta situación. En la práctica, Juan y Amelia están completamente solos, sostenidos únicamente por la solidaridad de la gente común.

Esta historia no es un caso aislado. Es la radiografía más cruda de un país donde los ancianos están quedando abandonados, invisibles, y entregados a una suerte que depende más de un vecino noble que de cualquier institución estatal. Una isla donde el Estado se pasa el día hablando de “humanismo” mientras deja a sus viejitos tirados, enfermos y hambrientos.

Hoy, Juan y Amelia necesitan apoyo urgente. Necesitan comida, líquidos, medicinas, ropa de cama, cualquier cosa que les devuelva un mínimo de dignidad. Y necesitan algo aún más básico: que no se olviden de ellos. Que alguien, por fin, los mire y actúe.

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