Amaury Pérez propone a los cubanos usar la «imaginación» para pasar unas navidades sin tantas carencias y necesidades

Redacción

En un año donde la escasez y la ausencia de las tradicionales festividades cubanas golpean fuerte, Amaury Pérez lanzó un mensaje que mezcla ternura, nostalgia y un toque de ironía. Su invitación es simple, pero profunda: cerrar los ojos esta Navidad y imaginar un país distinto, uno donde la alegría de estas fechas todavía sea posible.

No se trata solo de un juego poético, sino de una estrategia de supervivencia emocional. Visualizar un país donde las mesas estén llenas, los abuelos acompañen la celebración y los apagones no arruinen la alegría, se convierte en un ejercicio de resistencia ante la realidad. Amaury recuerda las Navidades de su niñez en Miramar: puerco asado, cervezas Hatuey al alcance de la mano y un ambiente familiar que hoy parece un lujo inalcanzable.

Su reflexión no evita la crudeza. Confiesa que, pese a sus esfuerzos, reconstruir mentalmente esa época dorada es difícil; Cuba ha cambiado tanto que hasta la memoria de la abundancia se siente lejana. Para mantener viva la ilusión, Amaury recurre a la inspiración de artistas como Liuba María Hevia, que transforma la tristeza en música, y Osvaldo Rodríguez, compañero en la construcción de esperanzas simbólicas.

El mensaje adquiere un aire surrealista cuando invita a imaginar a Silvio Rodríguez y José Feliciano entrando a su casa con guitarra en mano, interpretando canciones navideñas. Una fantasía que mezcla deseo, nostalgia y un guiño irónico sobre la imposibilidad de recuperar lo perdido.

Pero detrás de la fantasía hay una crítica evidente a la realidad cubana actual: escasez de productos, apagones constantes y la imposibilidad de disfrutar celebraciones familiares auténticas. La Navidad se convierte en un recordatorio de lo que el país ha perdido, y la única salida parece ser cerrar los ojos, imaginar y repetir hasta que la mente encuentre consuelo.

Los seguidores de Amaury han compartido cómo sus palabras los reconectan con aquellas Navidades que marcaron sus vidas. Zuzka Alarcón recuerda con tristeza que familiares han partido o viven lejos, y que las reuniones se sienten ahora más pequeñas y solitarias; aun así, la imaginación ofrece un refugio para hallar alegría. Mercedes López apunta que la realidad a veces aplasta lo bello, pero mantener la memoria, el cariño y la fe sigue siendo un acto de resistencia.

Otros, como Nanci Cuéllar y Ana María Collazo, rememoran risas, juegos y tradiciones que hoy parecen imposibles de replicar. Andrés Méndez revive cómo su familia mataba el cerdo y celebraba con uvas y rituales que purificaban lo negativo; para él, la propuesta de Amaury es una manera de reverdecer memorias y mantener viva la esencia familiar.

Los comentarios reflejan un sentimiento compartido: la nostalgia es inevitable, pero el amor, la imaginación y la memoria permiten que las Navidades sigan siendo un momento de unión, reflexión y gratitud. Mantener vivos los recuerdos y soñar con la familia reunida se convierte en un acto de resiliencia y esperanza, capaz de traer consuelo y alegría incluso en medio de la adversidad cubana.

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