Un nuevo episodio de corrupción vuelve a sacudir a Santiago de Cuba y deja al desnudo cómo la ayuda destinada a los más vulnerables termina, una vez más, en manos equivocadas. Decenas de colchones que debían aliviar la situación de familias afectadas por el huracán Melissa fueron recuperados por la Policía en una vivienda particular, tras haber sido desviados del canal oficial de distribución.
De acuerdo con información divulgada por el perfil oficialista “Héroes del Moncada”, el operativo tuvo lugar el viernes en una casa ubicada en la localidad Julio Sanguily. Allí, los agentes incautaron 40 colchones que estaban destinados a damnificados, pero que nunca llegaron a quienes lo perdieron todo por el paso del evento meteorológico.
La versión oficial apunta a la acción de “elementos inescrupulosos” que habrían ocultado los artículos con la intención de venderlos a precios inflados en el mercado informal. Una explicación cómoda que evita responder la pregunta clave: ¿cómo sale la ayuda humanitaria del sistema estatal sin que nadie se dé cuenta?
Tras el registro, los colchones fueron entregados nuevamente a las autoridades, que prometieron distribuirlos a las familias afectadas. Una promesa que, para muchos santiagueros, suena a déjà vu. La experiencia dice que entre el almacén estatal y la puerta del damnificado, la ayuda suele desaparecer misteriosamente.
El periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada también confirmó el hecho en sus redes sociales, aunque elevó la cifra a 44 colchones incautados. Según explicó, vecinos de la zona llevaban días denunciando irregularidades en la entrega de estos recursos, así como su reventa ilegal, hasta que el escándalo explotó públicamente en la calle Julio Sanguily.
Residentes del barrio aseguraron que los colchones formaban parte de los recursos asignados oficialmente a familias afectadas, pero fueron desviados y escondidos para su venta clandestina, aprovechándose del dolor y la desesperación de quienes lo habían perdido todo. Negocio redondo para unos pocos, tragedia prolongada para muchos.
Lejos de calmar los ánimos, la intervención policial encendió aún más la indignación popular. Las críticas apuntan a la falta de controles, a la opacidad en la distribución de donaciones y a la ausencia de consecuencias reales cuando se cometen este tipo de abusos. Muchos temen que, como tantas otras veces, el caso termine enterrado en el silencio.
“Desviar ayuda no es un negocio, es una traición”, comentó Mayeta, resumiendo el sentir de una comunidad cansada de ver cómo la solidaridad se convierte en mercancía bajo la mirada cómplice de un sistema ineficiente.







