La Institución Religiosa Bantú de Cuba hizo pública la Letra Bantú que regirá el año 2026, un pronóstico espiritual anunciado el 28 de diciembre de 2025 que llega cargado de advertencias, símbolos profundos y lecturas que, para muchos creyentes, conectan directamente con la dura realidad que vive el país.
El mensaje fue revelado por el primer oráculo Musundi Bantú del mundo, con una declaración que asegura buscar el beneficio de Cuba y de la humanidad, aunque no pocos interpretan estas palabras como un reflejo espiritual de un país marcado por el desgaste, la incertidumbre y la desprotección.
El año 2026 estará regido por Nkazuán, asociado al Lucero y a los Cuatro Vientos, acompañado por Nsimbá, fuerza ligada al cementerio. La simbología no pasa desapercibida: el cráneo humano como representación del equilibrio, pero también como recordatorio de fragilidad. Poder y muerte caminando juntos, una imagen que resuena fuerte en una Cuba donde la supervivencia se ha vuelto rutina.
La profecía advierte sobre peligros disfrazados de normalidad, animales que parecen inofensivos pero pueden dañar, trampas en el camino y decisiones que se pagan aunque otros sean los culpables. El mensaje insiste en la necesidad de andar con cuidado, de no confiarse y de elegir conscientemente el camino correcto, algo que en el contexto cubano suena más a advertencia social que a simple consejo espiritual.
El texto pone énfasis en la enfermedad que avanza en silencio, alertando que aunque no se sientan síntomas, el mal puede estar creciendo por dentro. Una frase que muchos creyentes asocian con la crisis sanitaria, el deterioro del sistema de salud y la costumbre oficial de minimizar los problemas hasta que ya es demasiado tarde.
También se subraya la importancia de proteger el entorno, la familia y los vínculos cercanos, alertando contra relaciones dañinas y decisiones impulsivas. “No dejar las cosas en el aire” y hacer todo completo aparece como una insistencia constante, casi como un reclamo a una sociedad obligada a vivir a medias, improvisando, parchando, sobreviviendo.
La Letra dedica un espacio especial a los desastres naturales, el cielo, el monte y la destrucción de la naturaleza, recordando que cuando se seca o se quema el monte, no queda sustento ni refugio. Un mensaje que conecta directamente con la devastación ambiental, la mala gestión estatal y la falta de prevención que pagan siempre los mismos.
Nkazuán es descrito como una entidad poderosa, mediadora entre cielo y tierra, pero también como una figura traicionada y despojada de su poder por otros genios. La historia funciona como metáfora: el poder concentrado, la traición, el castigo y la caída, una narrativa que muchos leen como espejo de la historia política cubana, donde la desconfianza y el control lo atraviesan todo.
La Letra advierte claramente a los hijos de esta nzila que no sean confiados, que cuiden su sistema, que vigilen dónde caminan porque pueden ser víctimas de engaños o daños ocultos. En un país donde la vigilancia es constante y la desconfianza es norma, el mensaje resulta inquietantemente familiar.
El camino de la noche, la inteligencia y el conocimiento también aparece marcado por la figura de la lechuza. La noche es presentada como espacio de sanación, amor y crecimiento, pero también de peligros. El bien y el mal conviven en la oscuridad, y actuar con la cabeza caliente puede sellar el futuro, una advertencia que va más allá de lo espiritual.
La Letra también trae un mensaje de esperanza a través de Matari Nkayi, símbolo de fortuna, abundancia y crecimiento, siempre que se respeten las reglas y no se actúe desde el odio. Se habla de estudiar, emprender y crecer, palabras que en la Cuba real chocan con un sistema que castiga la iniciativa y asfixia cualquier intento de prosperidad independiente.
El relato final recuerda la historia de un rey que salvó a su pueblo compartiendo lo poco que tenía, y fue recompensado por su bondad. Un contraste doloroso con una realidad donde quienes gobiernan acumulan poder mientras el pueblo sobrevive entre escasez, enfermedades y promesas vacías.
El mensaje cierra con bendiciones al pueblo cubano y un llamado a la unidad espiritual, destacando que la fuerza está en la hermandad, una idea que resiste incluso cuando el poder político intenta dividir, controlar o silenciar cualquier expresión que no pueda domesticar.
En medio del colapso económico, la represión y la pérdida de fe en las instituciones oficiales, la Letra Bantú 2026 se convierte no solo en un pronóstico religioso, sino en un espejo simbólico de la Cuba actual, donde el peligro acecha, la enfermedad camina por dentro y la salvación depende, una vez más, de cuidarse entre los de abajo.










