ETECSA regala teléfonos móviles para premiar las recargas internacionales mientras la mayoría se las tiene que arreglar con un paquete de datos de 360 pesos al mes

Redacción

Una publicación de ETECSA_Cuba Granma en Facebook logró en minutos lo que la empresa estatal suele evitar: unir a los usuarios, pero no por satisfacción, sino por indignación. El motivo fue el anuncio de la entrega de un teléfono móvil como “premio” a una clienta, en un país donde comunicarse se ha vuelto un lujo y no un derecho.

Según el post oficial, el cliente número 2512 resultó ganador de una promoción, llevándose —según las imágenes compartidas— un Samsung Galaxy A22, acompañado de felicitaciones “desde el colectivo de Granma”. El problema no fue el premio en sí, sino el contexto: tarifas abusivas, servicios deficientes y una brecha digital cada vez más obscena.

La ganadora, identificada como Lucrecia Milan Valera, salió al paso de las críticas aclarando que no tiene vínculos con la empresa ni conocía de antemano el regalo. Aseguró que lo recibió con alegría y que la recarga asociada coincidió con el 25 de diciembre. Su explicación, aunque legítima, no calmó el enojo.

El foco del malestar no estaba en ella, sino en ETECSA.

Un premio que desnuda la desigualdad

Los comentarios no tardaron en señalar lo evidente. Para muchos usuarios, el concurso fue percibido como una burla en medio de una crisis donde miles de cubanos no pueden ni reponer una línea perdida, acceder a datos móviles estables o pagar un paquete sin sacrificar media quincena.

“Eso es una falta de respeto”, escribió un internauta, resumiendo un sentimiento generalizado. Otros cuestionaron que la empresa premie a clientes que ya reciben recargas del exterior, mientras la mayoría sobrevive con salarios en pesos que no alcanzan ni para lo básico, mucho menos para mantenerse conectados.

La crítica fue clara: ETECSA actúa más como un negocio dependiente de divisas que como un servicio público. Regalar un teléfono no resuelve el problema de fondo: una infraestructura colapsada, precios desproporcionados y una política comercial que excluye a quien no tiene familia fuera del país.

El problema no es el celular, es el mensaje

En un país donde roban teléfonos a diario y no hay líneas para reposición, donde conectarse es caro y lento, y donde internet sigue siendo un privilegio, el gesto de ETECSA fue leído como desconexión absoluta con la realidad nacional.

El “regalo” llegó en el peor momento y dejó un sabor amargo. No porque alguien ganara, sino porque recordó a miles lo lejos que están de siquiera participar.

En redes, el consenso fue demoledor: mientras ETECSA siga premiando la excepción y no atendiendo la regla, seguirá perdiendo algo más valioso que clientes. Credibilidad.

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