Fallece Adela Legrá, quien por décadas fuera el rostro que identificó al cine cubano en todo el mundo

Redacción

Adela Legrá, una de las figuras más reconocibles y honestas del cine cubano, falleció en la madrugada de este 2 de enero en Santiago de Cuba, a los 86 años. La actriz fue ingresada de urgencia en el Hospital Provincial de la ciudad oriental y murió pocas horas después, según confirmó el portal Cubacine, vinculado al ICAIC.

Su historia personal estuvo lejos de cualquier privilegio. Nacida en un entorno humilde, trabajó desde muy joven en labores agrícolas y domésticas en distintas zonas del oriente cubano. No llegó al cine por academias ni círculos culturales, sino desde la vida real, desde la militancia comunitaria y el contacto directo con la gente.

Fue precisamente mientras participaba como activista de la Federación de Mujeres Cubanas en Baracoa que llamó la atención del cineasta Humberto Solás, quien la eligió para protagonizar Manuela en 1965. Aquella decisión marcaría no solo su destino, sino también una parte esencial del cine nacional.

Su actuación, despojada de artificios y cargada de una fuerza natural poco común, impactó de inmediato. Solás volvió a contar con ella para Lucía (1968), una obra clave del cine cubano y latinoamericano, donde Legrá interpretó a una campesina de los años sesenta. Ese personaje terminó convertido en símbolo, no tanto por discursos ideológicos, sino por la verdad humana que ella supo imprimirle.

A lo largo de su carrera participó en películas fundamentales como Rancheador, El Brigadista, Polvo Rojo, Miel para Oshún y Barrio Cuba, además de trabajos en la televisión. Nunca fue una figura omnipresente ni una actriz de cartel constante, pero cada aparición suya dejaba huella.

En 2017 recibió el Premio Lucía de Honor en el Festival de Cine Pobre de Gibara, un reconocimiento a una trayectoria construida desde el talento y la dignidad. Durante esa gala, compartió el homenaje con Eslinda Núñez y con la memoria de Humberto Solás, agradeciendo a Jorge Perugorría y al pueblo de Gibara por mantener vivo un proyecto cultural que nació con vocación auténtica.

Tras conocerse su fallecimiento, el crítico Juan Antonio García recordó su participación en el Taller Nacional de Crítica Cinematográfica de 2006 y definió la noticia con una frase sencilla y demoledora: “triste, muy triste”.

Con la muerte de Adela Legrá se va una actriz que nunca necesitó impostar nada. Su legado no está en los discursos oficiales ni en las efemérides, sino en la pantalla, en esa verdad cruda y profunda que solo quienes vienen de abajo saben representar.

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