Indignación en Villa Clara tras fallecimiento de una madre y su hija que perdieron la vida al ser atropelladas por un automóvil cuyo chófer se dio a la fuga

Redacción

Una madre y su hija de apenas ocho años perdieron la vida tras ser atropelladas por un automóvil en Santa Clara, un hecho que ha conmocionado a la provincia de Villa Clara y reavivado la indignación ciudadana ante la impunidad y el silencio oficial.

El trágico accidente ocurrió en la noche del 30 de septiembre, en la Carretera Central, cerca de la terminal de ómnibus de la ciudad. Las víctimas fueron identificadas por familiares como Liliana Carbonell Cueto, de 46 años, y su hija Elisabet Isel Díaz Carbonell.

Liliana murió en el lugar del impacto. La niña fue trasladada de urgencia al hospital pediátrico de Santa Clara, donde luchó por su vida durante horas hasta que falleció el 31 de diciembre, cerrando el año con una pérdida que ha dejado a toda una familia devastada.

Según testimonios compartidos en redes sociales, el vehículo era conducido por un cubano residente en Estados Unidos, que se encontraba de visita en la isla. Familiares aseguran que el conductor iba a alta velocidad y presuntamente bajo los efectos del alcohol, aunque hasta el momento las autoridades no han confirmado ni desmentido esta versión.

Otras publicaciones, citadas por la activista Irma Broek, apuntan a una posible imprudencia al momento de cruzar la vía. Sin embargo, en ausencia de un parte oficial, estas versiones no hacen más que aumentar la confusión y el malestar.

Lo que sí resulta incuestionable es el silencio institucional. A varios días del suceso, no existe información oficial, ni explicación pública sobre las causas del accidente, ni sobre la situación legal del conductor. Ese vacío ha sido interpretado por muchos como una muestra más de desinterés y falta de transparencia.

El dolor del padre, Ionel Díaz Suárez, ha quedado plasmado en mensajes que estremecen. En uno de ellos despidió a su hija con palabras que han tocado a cientos de personas: habló de orgullo, de amor infinito y de una herida imposible de cerrar. “Mi carajita”, escribió, dejando claro que no hay consuelo posible para una pérdida así.

La muerte de Liliana y Elisabet Isel no solo enluta a una familia. Deja huérfanos a dos adolescentes de 17 años y vuelve a poner sobre la mesa un problema recurrente en Cuba: la inseguridad vial, la falta de controles efectivos y la ausencia de rendición de cuentas cuando ocurre una tragedia.

Los familiares exigen una investigación seria y justicia real. No piden discursos, ni silencios cómodos, ni excusas. Piden respuestas. Porque cuando una madre y una niña mueren en una carretera y nadie da la cara, el accidente deja de ser solo un hecho vial y se convierte en una herida social que no cicierra.

Habilitar notificaciones OK Más adelante