El periodista y narrador deportivo cubano Iván López Rodríguez falleció en La Habana en la noche del martes 30 de diciembre, según confirmaron fuentes cercanas y publicaciones en redes sociales que citaron a su esposa. Tenía 81 años.
La noticia provocó una ola de mensajes de despedida entre colegas, páginas deportivas y seguidores del béisbol cubano, que recordaron su extensa trayectoria en la prensa escrita y la televisión, así como su estilo cercano y respetado dentro del gremio.
El periodista Arnelio Álvarez informó que el deceso ocurrió alrededor de las 9:00 p.m., confirmación que recibió directamente de la esposa de López. La página Swing Completo también reportó haber corroborado la información desde Cuba esa misma noche.
Durante décadas, Iván López fue una referencia del periodismo deportivo oficial. Trabajó durante años en el diario Juventud Rebelde, donde dejó huella con su popular sección “Pez Rubia”, y más tarde pasó a la redacción deportiva de Tele Rebelde, ganándose el reconocimiento del público por sus coberturas de la Serie Nacional de Béisbol y sus entrevistas desde el terreno, casi siempre aderezadas con comentarios sobre el clima, un sello muy suyo.
Colegas lo recordaron no solo por su profesionalidad, sino también por su trato respetuoso y su pasión por el deporte. Arnelio Álvarez compartió una anécdota personal: en marzo se lo encontró en El Vedado, conversaron brevemente y quedó pendiente una entrevista que nunca llegó a hacerse. Otros lamentaron que alguien que entregó su vida al periodismo deportivo muriera casi en el olvido.
Iván López nació en Camagüey en 1943. Desde joven mostró inclinación por el deporte: practicó béisbol y, ya como universitario, se destacó en el atletismo de fondo, compitiendo en pruebas como los 3.000 con obstáculos, 5.000 y 10.000 metros. Esa experiencia marcó su mirada como periodista, siempre atenta al esfuerzo detrás del resultado.
Su carrera fue larga y productiva. En 2019 recibió el Premio Nacional de Periodismo Deportivo a la Obra de la Vida, un reconocimiento tardío para alguien que dedicó más de medio siglo a contar el deporte cubano desde los medios oficiales.
Sin embargo, su historia también expone una de las caras más crueles del sistema. En 2020 trascendió que, ya jubilado, vendía chicharrones de cerdo por encargo para poder sobrevivir con una pensión miserable. La periodista Julita Osendi lo confirmó en una entrevista donde Iván habló sin victimismo, pero con una honestidad demoledora.
“Me avergonzaría si pidiera limosna o acosara al turismo, pero yo no hago nada de eso”, dijo entonces. “Tengo que mantenernos a Carmita y a mí con un salario de jubilado que no llega a los 400 pesos. Después de 52 años de trabajo, devengar 385 pesos…”.
Ese testimonio quedó como una bofetada silenciosa. Un Premio Nacional, una figura histórica del periodismo, reducido a rebuscarse la vida para poder comer.
Hoy, las redes se llenan de condolencias y elogios. Su voz, su estilo y su legado quedan en la memoria de quienes crecieron escuchándolo. Pero su final también deja una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿qué país es este que aplaude a sus profesionales cuando están vivos, pero los abandona cuando ya no le sirven?
Iván López se fue. El deporte cubano pierde una voz. Y Cuba, una vez más, queda en deuda con uno de los suyos.







